domingo, 12 de marzo de 2017

LAS RUINAS DE LA TIERRA



 Jesús A. Salmerón Giménez

Acabo de leer un libro extraordinario: La España vacía, de Sergio del Molino.

El eje de este libro (un ensayo histórico pero, sobre todo, un magnífico relato de viajes) es lo que él llama el Gran Trauma, el terrible éxodo que, entre los años cincuenta y sesenta, dejó vacíos pueblos y campos para multiplicar la población de las grandes ciudades, en cuyos extrarradios, con el tremendo aluvión de gentes procedentes de  la "España vacía" -Aragón, las dos Castillas, las sierras de La Rioja y de Extremadura, y las comarcas interiores de Galicia y de Andalucía-,  auspiciado por el desarrollismo suicida del régimen franquista, que destrozó para siempre el patrimonio y el paisaje rural de nuestro país, se formaron dantescos poblados chabolistas que balizaron de dolor y miseria el paisaje urbano.

Los agudos y originales análisis sociopolíticos y culturales (su interpretación del carlismo es, sencillamente, magnífica) sobre esta desolada realidad, sin parangón en Europa, de la despoblación de la España interior (hay comarcas en España, nos dice el autor, que tienen una densidad de población inferior a las más deshabitadas de Laponia o del norte de Finlandia, ya en las soledades del Círculo Polar Ártico), fenómeno al que él le ha dado el nombre de España vacía, son más que interesantes, pero lo que he leído con más placer -¡la cabra tira al monte!- son sus referencias al cine y a la literatura, y también a las series y a la música, de las que se sirve espléndidamente para ilustrar sus ideas: Las Hurdes, tierra sin pan de Luis Buñuel, paradigma de los salvajes abandonados; las películas de Paco Martínez SoriaLa Hora Chanante;  las novelas de Juan Marsé y Francisco Casavella;  las letras de Obús y la construcción del paisaje de los escritores esencialistas del 98 (sobre todo, el verso íntimo y emocionado de Antonio Machado ); el gran Delibes y los románticos del XIX y la hermosa novela La lluvia amarilla (que habita en su libro), de Julio Llamazares, quien ¡precisamente hoy!, 10 de marzo, en El País, publica un imprescindible artículo sobre este raro fenómeno de la España deshabitada). Sin embargo, y esta adversativa no empaña tan excelente y necesario libro, se olvida de la novela que mejor retrató la realidad fantasmal y desolada de los inmensos páramos de España: La ruina de cielo, de Luis Mateo Diez, con su Celama, ese territorio mítico y áspero, de resonancias rulfonianas (otro que tal...), que solo habitan ya los muertos.

Es un ensayo con el que se aprende, desde el pensamiento original e inesperado ("El ensayo es el arte de razonar: su tarea es pensar y enseñar a pensar por cuenta propia", Teodorov), y nos ayuda a comprender algunos de los problemas de este país ("Mi propósito (...) contemplar sus ruinas sin asombro, con las manos en los bolsillos y no en la cabeza"). Pero sobre todo es una mirada literaria de la España sin nadie y un relato luminoso que leemos con creciente y renovado placer.


 © Jesús A. Salmerón Giménez





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