domingo, 26 de marzo de 2017

LA ENERGÍA DE MARÍA ANTONIA ZAMORANO





 Rosa Campos Gómez



En las artes plásticas, la sucesión vanguardista –el ser de las vanguardias está en la novedad sucesora– tiene a la cabeza a mujeres creadoras desde hace años, independientemente de la mayor o menor fama alcanzada, que eso es harina de otro costal. Entre ellas está María Antonia Zamorano, pintora y escultora ciezana  afincada en Madrid; la formación a la que ha ido accediendo pone de manifiesto la energía de su voluntad: ha completado estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Murcia, y de Bellas Artes y Doctorado en la Universidad Complutense de Madrid.

La línea, ha ido marcando en gran medida su expresión artística, ya desde la fibra de esparto, desde el hilo



 o desde la silueta definitoria de multitudes figurativas que va trazando un lápiz, un pincel…



En su tesis doctoral, titulada La Línea sin límites: la tridimensionalidad del dibujo nos habla de este concepto aplicado también por mujeres y hombres significativos dentro de las BB AA, partiendo de Jannis Kounellis, que dejó una huella profunda en su proyección creadora  tras asistir a un curso impartido por este artista griego.
 “Esta investigación es, más que nada, un trabajo reflexivo basado en la observación de las obras de arte en cuya creación participa la línea. El tema surge como un interés personal en el conocimiento sobre diversos aspectos relacionados con el dibujo, y la percepción de la línea como un arma poderosa con capacidad de transformar el mundo”, dice Zamorano en la introducción de su tesis, obra en la que podemos descubrir numerosos aspectos de las diferentes formas expresivas que envuelven a la plástica con el nexo multiforme de la línea.

Su obra ha sido expuesta en diferentes puntos geográficos; en Cieza entre lo ha hecho,  en el Aula Cultural de CajaMurcia, en el Museo de Siyâsa y en la sala `La Algorfa´ del Hotel San Sebastián. 





 De su última muestra que llevaba por título Memoria celular, una innovadora y atrevida exposición que aunaba escultura, pintura e instalación escribí:
 “Los creadores plásticos  buscan dar un significado, a través de la forma, a  aquello que sienten, que piensan, y desde ese continente creado emiten lo que les habita en el interior. Zamorano así lo ha querido en `Memoria Celular´, donde espartos e hilos han sido sus dúctiles cómplices, para narrar visualmente sus tiempos del ayer y del hoy. A partir de ellos ha configurado su particular lenguaje  desde el que evoca los sonidos, también los olores y los sabores de sus años vividos en el pueblo, compartidos con familia y vecinos –habitantes de  casas de puertas abiertas que daban vida a las calles–, transmisores de historias esparteras, hacedores de sonidos que se escabullían tras las cortinas de colores densos, cucharas que al chocar con el plato musicaban el ambiente, cuando ya era medio día. Cortinas que, en las salas que hoy acoge la exhibición, se han transformado  en un animal doméstico –un  pequeño cerdo cosido a mano con pezuñas de esparto– a cuyo lado se expone un plato y un cubierto como reminiscencias de aquellos acordes de antaño que hablaban de rituales hogareños, y que solo a través de la débil corporeidad de una cortina podían ser diáfanamente escuchados.

Formas de frutas pulposas e indefinidas –y sin embargo propicias a atribuirles un nombre según la semejanza subjetiva que el espectador  presienta–, mostradas desde su particular luz en redondo paño negro, extendido sobre el enlosetado antiguo del suelo de la sala abovedada, aportando un complemento artístico perceptible ya desde la primera ojeada.  Formas agrícolas, escultóricas, a través de las cuales la autora anhela detener el tiempo, hacer de ellas producto imperecedero, tal y como se establecen en su memoria, esa que célula a célula le da identidad.

La pintura tiene también cabida: depositada en pequeñas dosis ha originado dibujos, según explicó Zamorano, surgidos por el efecto vibratorio de palabras como amor, juego o muerte  entre otras; basándose para ello en unos experimentos con el agua, llevados a cabo por el japonés Masaru Emoto. 
Pleita dando forma a una caracola, la misma que desde las fotografías mece una bailarina al ritmo sensorial que la memoria implica. Desde el techo “lía”, delatora de un trabajo, nunca pagado a su justo precio, hecho por mujeres.

Y la presencia de la  labor realizada fundamentalmente por manos femeninas sigue representada ahora en el `Manto nº 1´, la gran tela blanca en la que ha cosido  unos círculos multicolores, proponiendo, como un juego interactivo, participar a cualquier espectadora que lleve y cosa un retazo de ese individual tejido, como símbolo de una  tarea que las unía. Una  silla baja, y un costurero forman parte de esta instalación que nos retrotrae a un ayer no tan lejano, en el que a la mujer se le asignaba un determinado y limitante rol social, pero que a pesar de ello sabía sacarle partido al tiempo y formar parte del equilibrio emotivo y económico familiar.

  La manifestación artística  posee muchos rostros, aquí  vemos líneas frágiles y no obstante fuertes, corrientes y  conocidas, con el extracto poético de lo cotidiano, de eso que se puede antojar pequeño, pero que con cierto recorrido vital vemos que contiene esencia, la anidada por unas gentes con unas determinadas características, que esta exposición  nos las acerca a su particular manera. Es el sentimiento  de unas experiencias que caben en unas células, y que pasan a tomar cuerpo y concepto a través de las manos y la mente de Mª Antonia Zamorano.”

Actualmente continúa innovando en la imagen, la serie Herramientas singulares, en la que la abstracción comunicada desde la técnica de la acuarela genera elegantes formas, da cuenta de ello:

 

Escribe en otro apartado de su tesis: 
“Hemos pretendido demostrar que el dibujo posee una doble función, la de comprender el mundo y la de crearlo y transformarlo, por medio de la tridimensionalidad; y esto lo podemos ver y comprobar a través de nuestros propios dibujos. A través de ellos comprendemos, en primer lugar que el dibujo da pistas de cómo es nuestro mundo interior abriendo una ventana desde fuera en la que podemos observarnos en confabulación con el universo”.

Como en los dibujos, en la vida hay un hilo (línea) conductor que nos define, así observamos que si la energía de la creatividad interior de Mª Antonia Zamorano se manifiesta en una estética particular, donde la belleza de lo sentido emerge para trazar formas, también lo hace en su construcción personal, donde claramente se pronuncia la energía de la línea que va trazando su vida.



  © Rosa Campos Gómez


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