viernes, 23 de septiembre de 2016

LA OBRA DE AMALIA AVIA, RESEÑA PICTÓRICA DE UN TIEMPO



                                                                                                            Rosa Campos Gómez

La obra de Amalia Avia equivale a una extensa y excelente reseña pictórica de un tiempo relativamente cercano. Pintora y grabadora, se dedicó durante más de cinco décadas a este trabajo  porque  realizándolo se sentía feliz, como diría en más de una ocasión, dejándonos un legado amplio e importante, desde el que nos habla de la cotidianeidad del existir, y del resistir, en un periodo del que sus imágenes dan cuenta, definido en sus paisajes realistas, de trazo subjetivado, en los que la gama de los cálidos predomina a través de una bien concebida mezcla de los colores con los que consigue sus particulares quebrados que otorgan esa faz de lo usado, de los sitios por donde transita la gente,  que era en esencia lo que quería reflejar. Los oficios y sus gentes, las calles con sus edificios y su estar dentro y fuera de ellos de personas ya visibles o ya imaginadas desde su ausencia, que van y vienen dando realidad a unos lugares que se despliegan en la memoria.

                                                                    Puerta del Sol, 1979

Pero antes de continuar se hace necesario aclarar que a las mujeres, en las artes plásticas, les ha costado mucho más aún que en la literatura  que sus obras se divulguen y lleguen a más púbico, recordemos que Carmen Laforet (1921-2004), Ana María Matute (1925-2014), Carmen Martín Gaite (1925-2000), entre otras escritoras, ya eran conocidas, leídas y citadas, en los años del franquismo; pero saber de las pintoras, para el público en general que gustaba de la cultura,  no era tan fácil, facilidad que sí encontramos en el reconocimiento  deparado a los hombres.
Ahora, gracias a la labor de mujeres (a la que por fortuna no dejan de sumarse hombres), con hambre de  ubicar las cosas en el lugar que les corresponde, se les está dando a estas autoras la divulgación y visibilidad que merecen, y las nuevas tecnologías se prestan como grandes aliadas de esta causa.

Amalia Avia (Santa Cruz de la Zarza, Toledo, 23 de abril, 1930- Madrid, 30 de marzo, 2011) posee una trayectoria dilatada y, aunque parezca una contradicción con lo anteriormente expuesto, tocada por la fortuna: inició su formación artística  a los 20 años, en el taller de Eduardo Peña, desde entonces no dejó de pintar. Fue sumando exposiciones, la primera en la galería Fernando Fer, después lo haría por numerosas ciudades españolas, también en París y Basilea. Sus cuadros  se mostraron  y vendieron durante años en las relevantes galerías Juana Mordó, primero, y  Biosca, después. En 1978 recibió el Premio Goya de la Villa de Madrid y en 2001 ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de Toledo. En 2004 publicó De puertas adentro, un libro autobiográfico. En 2007 se le concede la Medalla del Mérito de Castilla La Mancha y en el 2008 se inaugura en Santa Cruz de la Zarza el Centro Cultural Amalia Avia.
En 2014, el director de teatro José Carlos Plaza utilizó una ampliación de La calle de las Minas (que aquí compartimos) para decorar el escenario del Teatro de la Zarzuela de Madrid para la representación de La verbena  Paloma, y en Los amores de la Inés también fue decorada con una reproducción de su pintura.
Se casó en 1960 con Lucio Muñoz (1929-1998) creador abstracto, dentro del movimiento conocido como Informalismo, que cosechó importantes reconocimientos  dentro y fuera de España, formando una pareja que siempre  demostraba recíproco respeto y admiración por sus respectivas actividades plásticas, lo que les permitió desarrollarlas amplia y coherentemente según sus diferentes ideas y conceptos.

La producción de Amalia Avia nos ofrece, además de lo ya enumerado y más, la connotación de documento artístico de un ayer no tan lejano, que produjo, en bandadas casi paralelas, tristezas por los silencios y por el cerco a las libertades, y alegrías por la gracia que sencillamente fluía de la hondura humana que a todo ello sabía sobreponerse; de trabajadores y trabajos; de partidas de gente acarreando maletas con las meras pertenencias; de determinadas vías madrileñas, y de otras localidades, con esas fachadas que nos remiten a unos servicios que facilitaban un vivir de proximidad  a pesar de los pesares... Obra de contrastes que nos invita a hacer  en ella recorrido y lectura, y a escuchar mirándola.

   Calle de las Minas, 1972


                                                Filatelia, 1989

            

 El viaje, 1988

                      El hombre de la maleta de pie, 1992                     Máquina de coser, 1981



                          Benito García, fontanero, 1988                                                    Comedor, 1987  




Ministerio de fomento,1988 


             Estación de Atocha, 1987



   Camión de frutas, 1985 


    Cocina, 1978


                La familia de Carlos V,  1966


                                                                           Lotería, 1966


                                                                               Barrio de la Fortuna, 1966




La mujer del mantón, 1964


                                                                 Paisaje Urbano,

Segadores



Bodegón del Balcón, 1958


Diego Muñoz Avia, hijo de ambos, ha creado la galería digital Lucio y Amalia (http://lucioyamalia.com/), en la que encontramos sus biografías y trabajos. La recomiendo.




© Rosa Campos Gómez



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