sábado, 3 de octubre de 2015

GERARDO DIEGO, EL HOMBRE DELGADO

Jesús A. Salmerón Giménez

"Tú por tu sueño y por el mar las naves"


Tal día como hoy nació Gerardo Diego, (Santander, 3 de octubre de 1896-Madrid, 8 de julio de 1987). Poeta español miembro de la Generación del 27, autor de libros memorables como Imagen, Manual de espumas, Fábula de Equis y Zeda o Versos humanos. En el terrible  éxodo de aquella generación prodigiosa, él optó por el exilio interior, por quedarse a vivir en la España del franquismo, y esto sin duda le perjudicó, pues son muchos los que confunden talento literario con ideología. Sin embargo, es un escritor imprescindible de las letras castellanas. Este hombre de apariencia hierática, “delgado y fino”, “padre espiritual” confeso del gran José Hierro , es, en palabras de Benjamín Prado, “un poeta de un ingenio, una musicalidad y una destreza comparables a las de Lorca o Alberti”. Precisamente, como he contado en la reseña de Ahogada en llamas, este verano, junto a mi hijo, visité la Fundación Gerardo Diego en Santander, donde su hija Elena Diego, filóloga y vicepresidenta de la fundación, a pesar de no estar abierta al público nos recibió con extrema amabilidad, y pudimos comprobar cómo esta fundación  mantiene vivo el “espíritu” de su padre y se ha convertido un centro de primer orden para el estudio de la poesía española del siglo XX (en la que colabora activamente, por cierto, según nos informó Elena, nuestro eminente paisano y filólogo Javier Díez de Revenga). Como  escribió Gerardo Diego: 'La fundación del querer / es una suerte profunda. / Se funda lo que se quiere. / Se funda lo que se busca'.
En su recuerdo publicamos en Notas este soneto inmortal, “El ciprés de Silos”:

 ENHIESTO surtidor de sombra y sueño,
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza,
devanado a sí mismo en loco empeño.
Mástil de soledad, prodigio isleño,                                
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar mi alma sin dueño.
Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme                                
y ascender como tú, vuelto en cristales,
como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.


Fundación  Gerardo Diego

                                      

 © Jesús A. Salmerón Giménez

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