lunes, 23 de febrero de 2015

RECREACIONES, DE LUIS DE HOYOS



Rosa Campos


     Luis De Hoyos expone Recreaciones de un maestro. La muestra, que recoge obras que ha ido realizando en su larga trayectoria como pintor y como docente,  la podemos ver hasta el 1 de marzo en las salas `La Pecera´ y  `Nivel 0´  del Museo de  Siyâsa.


  Hay varias singularidades en su excelente trabajo, siendo dos de ellas las más destacadas: la constante del color dando  forma a los objetos tanto en su luz como en su sombra, confiriendo fuerza de expresión  y  llevándolo a ser transmisor de energía. Colores matizados en gamas de  distinta intensidad que marcan la diferencia que necesita todo creador para que se le identifique.  
 Su pintura y dibujo se ofrecen desde un figurativismo neto, sin ser hiperrealistas, debido a todas las connotaciones  que ese uso propio del color y de  la línea aportan. La sencillez y limpieza  del trazo y la claridad en la pincelada, ambas técnicas trabajadas con excelentemente concisión, poseen una importante capacidad de comunicación de emociones, conllevando, para todo tipo de espectadores una lectura fresca de cualquiera de los temas trabajados por este admirador confeso de Sorolla.

   Esta muestra, comisariada por Joaquín Salmerón, director del Mueso de Siyâsa, podemos  ver numerosa información del contenido didáctico que  De Hoyos ha practicado en sus clases, y apreciar su faceta de escultor con piezas, también aquí presentes,   como las figuras de Don Quijote y Sancho, elaboradas con estructura de alambre y cuerpo forrado  de papel perteneciente a un volumen de  la misma obra que evocan, de una edición ilustrada por Gustave Doré.

   Luis De Hoyos (Cieza, 1952), docente jubilado en 2012,  se inició en la pintura teniendo como maestro a Juan Solano y a partir de ahí su relación con las artes plásticas no ha cesado, prueba de ello es el curso Emocionarte en el aula,  que  viene impartiendo desde 2014 y que actualmente está llevando a cabo en este mismo museo que recoge esta retrospectiva de su trabajo.

    «Siempre he sentido una fascinación irresistible por la belleza. Y siempre he querido retener y poseer esa belleza. Por eso me atraen las aventuras artísticas (…) En la escuela descubrí el mundo maravilloso de la infancia y me quedé a vivir en él… » nos dice el autor, quien a lo largo de los años de dedicación ha dado forma y contenido a estas obras impregnadas de vitalidad y gracia, sabiendo captar lo que nos transmite con sus palabras; lo podemos comprobar en esta muestra, donde esa emoción nos aguarda.


 © R. Campos Gómez

martes, 17 de febrero de 2015

LA RADIO Y LA JUVENTUD

   Rosa Campos

   Porque amo la radio y porque pienso que es uno de los medios de comunicación de masas más perfectos que existen, se me hace necesario escribir unas palabras sobre algo que se ha celebrado  el pasado día 13 de este mes: el Día Mundial de la Radio.
  
    Es mucho lo recibido desde ella. La escucho siempre que puedo, y no la busco como compañera para mitigar soledades (tengo la suerte de gozar de buena compañía); la elijo porque despliega conocimiento poliédrico y divierte, y todo eso que aporta proyecta una infalible riqueza.

  El lema que proponen este año es Por Jóvenes, para jóvenesCon esta premisa no he podido evitar asociar mi vínculo radiofónico más personalizado (tras la raíz que se enganchaba a lo que se escuchaba en casa desde siempre) a partir de la adolescencia y de la incipiente juventud, como suele ocurrir con todo lo que se inicia en esa franja de la vida, viniéndome a la memoria tres nombres que supusieron una revolución en aquellos años  en los que todo huele a descubrimiento: Resurrección, PoesíaTriana.





    Triana. El dial del transistor era poderoso, me llevaba  a escuchar la música que yo quería seleccionar entre la que se ofertaba (especialmente Los 40 principales). Podría citar muchos nombres que me gustaban en las diferentes lenguas españolas, también en inglés, francés, italiano y portugués (hasta ahí me atrevo a citar y a reconocer), pero me quedo con El Patio, de Triana,  que escuché por vez primera a través de este medio, suponiendo todo un hallazgo para mí. Ese acento producido por la mezcla de flamenco y de rock tan novedoso era una delicia para los sentidos de alguien como yo, que me había criado escuchando el flamenco y la copla (algo que les debo con enorme gratitud a las predilecciones musicales de mis padres).   A partir de El patio, Long Play que se puso a la venta el 14 de abril de 1975, teniendo muy poca repercusión, hasta el punto de que varias tiendas de discos llegaron a descatalogarlo. Sería un año  y medio más tarde cuando pasaría a ser uno de los más escuchados y emblemáticos de la música pop de los 70 en nuestro país. Este LP se denominó así posteriormente, debido a la imagen que ilustraba la caratula. Contenía canciones como `Abre la puerta´, `En el lago´, `Sé de un lugar´, `Dialogo´…, de las que llegan para quedarse, sucedía igual con `Hijos del agobio´, `Tu frialdad´, etc., que saldrían en discos sucesivos.  Triana se quedó sin Jesús de la Rosa en 1983, y ahí se detuvo su producción para la historia de la música de buena parte de los adolescentes y jóvenes españoles de aquellos años, que, en mi caso, me llegó a través de esta sorprendente caja sonora.



Poesía. La radio me acercó a la poesía, a la literatura en general, pero especialmente a los poemas que escuché antes que leí y que me condujeron a buscar a sus autores, algo que me conducía a ampliar el núcleo. Podría citar a tantos poetas, hombres y mujeres, de los que supe a través de las ondas…
  Ahora, porque lo tengo recién oído, traigo a la memoria Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, porque, en un programa dedicado al amor, leyó el nº 20 la profesora y poeta Alicia Mariño, tomándolo el libro de la primera edición (Ed. Resnacimento,1924), comentando algo que me pareció atractivo por lo que dice de humano sobre el autor, y es que en esa edición todavía no estaban los cambios que el poeta haría para las sucesivas ediciones. Es una información que vi valiosa, con la suavidad de lo cotidiano, semejante a otras que nos llegan sin alardes, dejándonos cada quién su huella de conocimiento sobre algo que desconocíamos y que nos hace más próximos.




Portada de una Edición estadounidense
 (Dodd, Mead & Company, 1900)
Resurrección.  No sé en qué emisora radiaban esta novela de León Tolstói, si sé que no pude seguirla en todos sus capítulos. No sé  el año de su emisión, sí que yo tenía más bien pocos en mi haber y que no obstante me cautivó, aunque es muy probable no llegara a entenderla en todo su significado. Me compré el libro  la primera vez que llamó a mi puerta alguien que representaba al Círculo de Lectores, también el de Ana Karenina, pero, aunque me parecieron ambas grandes obras, yo preferí Resurrección.  Entre sus páginas y mediante la relación entre Dimitri I. Nejliúdov y Katia Maslova  se narraba una historia donde las diferencias de clase evidenciaban las injusticias, con una mirada de denuncia hacia los negligentes poderes políticos y hacia los religiosos institucionalizados. Esta novela, la última que escribiera este gigante de la literatura, fue publicada en 1899 en la revista Neva, con el objetivo de recaudar dinero para los dujobory, objetores de consciencia rusos, que estaban siendo perseguidos por la represión zarista y tuvieron que emigrar a Canadá. Tolstói destinó para esta causa los beneficios íntegros. La censura rusa se cernió sobre Resurrección, no pudiendo editarse completa hasta 1936, sí en otros países y en varios idiomas.

Así empieza Resurreción:

« En vano los hombres, amontonados por centenares y miles sobre una estrecha extensión, procuraban mutilar la tierra sobre la cual se apretujaban; en vano la cubrían de piedras a fin de que nada pudiese germinar en ella; en vano arrancaban todas las briznas de hierba y ensuciaban el aire con el carbón y el petróleo; en vano cortaban los árboles y ponían en fuga a los animales y a los pájaros; la primavera era la primavera, incluso en la ciudad. El sol calentaba, brotaba la hierba y verdeaba en todos los sitios donde no la habían arrancado, tanto en los céspedes de los jardines como entre las grietas del pavimento; los chopos, los álamos y los cerezos desplegaban sus brillantes y perfumadas hojas; los tilos hinchaban sus botones a punto de abrirse; las chovas, los gorriones y las palomas trabajaban gozosamente en sus nidos, y las moscas, calentadas por el sol, bordoneaban en las paredes. Todo estaba radiante. Únicamente los hombres, los adultos, continuaban atormentándose y tendiéndose trampas mutuamente. Consideraban que no era aquella mañana de primavera, aquella belleza divina del mundo creado para la felicidad de todos los seres vivientes, belleza que predisponía a la paz, a la unión y al amor, lo que era sagrado e importante; lo importante para ellos era imaginar el mayor número posible de medios para convertirse en amos los unos de los otros. » 


   Poco he escrito de la radio, cuando hay mucho que contar de un medio que depara cultura a cuantos lo deseen  y en cualquier lugar, sin precio, a pesar de valer lo suyo en oro; que desarrolla la imaginación; que nos enlaza con la historia, nos muestra el presente y nos tiende puentes hacia el futuro; que lleva tantos años emitiendo desde unas ondas hertzianas  nutridas por mujeres y  hombres que hacen posible que nos llegue  en el día a día cualquier asunto que nos pueda concernir… Todo aquello que nos pueda interesar a través de sus voces por las que  se cuelan los sentimientos que tocan el sentido del oído como un viento nuevo y  a la vez cercano. Qué fácil ser joven con ella. 

 © Rosa Campos

domingo, 8 de febrero de 2015

EL RÍO MUERTO


                                                                                                             Pedro Diego Gil López

                Hay un reducto de aguas vivas en un lugar llamado río Muerto, una condición retroactiva que configura un espacio de casualidad, de constancia natural y controversia hídrica. Un río que está sujeto a una regulación inventada en provecho de un progreso eléctrico determinante. Un río que discurre entre arboledas, en ese tramo donde quedó relegado después de aquella partición acuática imposible. Las aguas que discurren por el suave desnivel, desde la cota de su origen hasta la cota de su verdadera muerte, como un principio y un fin, lo hacen en estado de gracia, siendo testigo de lo que en ellas se refleja como si tuvieran memoria, y río abajo recuerdan, sin duda, toda la luz que reciben allí, hasta llegar al mar.                                                                                          
     Para no engañar a nadie, el río Muerto es un tramo relicto del río Segura. Un tramo aparte, relegado en su provecho, hoy extrañamente favorecido para formar un limbo paisajístico, en una excepción casi desahuciada sujeta a un compendio de figuras legales, que por arte de magia lo han preservado en uno de esos lugares donde la naturaleza consigue jugar a ser casi lo que era, como en aquellos tiempos en los que los hombres tenían menos poder.  

   

    Cuando llegas a sus inmediaciones te propone de inmediato un paseo. Yo he aceptado esa propuesta muchas veces, y he visto en sus márgenes un devenir plástico de un interés peculiar. Por eso hasta le hablo, después de recorrer sus orillas y de contemplar sus rincones, después de oír el murmullo de sus aguas y el canto de las aves que lo habitan. Quizás solo me hable a mí mismo, o quizás le hable a alguien que, supuestamente, está en la orilla opuesta esperando que yo me vaya y lo deje tranquilo pescar. Quizás entable conversación con el pastor que acerca sus ovejas a abrevar por la vereda de enfrente. Pero la verdad es que los arenales de sus orillas están desiertos y la soledad los contempla.   
                               
     Estas muerto, le digo, desde el azul del cielo hasta la parda penumbra de tu lecho. Muerto tu cauce regulado, cuando tu corriente fue detenida por muros represados y tu volumen desviado a canales de triste ingeniería. Encerrada está tu atmósfera en una burbuja alargadísima, en un clima de prodigios vegetales, rodeado de una sabiduría agrícola imperfecta, y de eso te vales para ser, eso, un enorme recodo paisajístico que deslumbra. Tienes por estas cosas un destino incierto, de ahí puede que venga tu nombre de Muerto, con su paradoja de significado visiblemente absurdo. Ha de notarse la vida que aún tienes, pese a ese nombre. La huella que dejas, más la distancia de tu devenir, le da plena libertad a las estaciones para perpetuarse, unas a otras, en tu bravo y colorido entorno. Ellas son las que te llevan, las que te prolongan hasta que no pueden hacer más por ti y te entregan a tus aguas mayores.       



   Río Muerto, eres el otoño puro cuando por esa corriente tuya de cerúleos reflejos maduran los amarillos claros y se mezclan tan caóticamente con tantos verdes languidecidos. Cobijas la diáfana luz de tus orillas y te llevas cada reflejo vivo en las ondas que mueven tus aguas, desde tus anaranjadas orillas salpicadas de grana. Si entonces llueve, se suman un sinfín de vibraciones grises, tintineando en las alamedas, y el viento recorre la amplitud de tus olmedas, y le silba a tu corriente engreída, a su propio encanto. Allí donde se sobresaltan los ánades que ocultas en la niebla, de sorpresa en sorpresa, me llevas; me dejo llevar por tus rincones, y escucho las sugerencias de tus miles de orillas.  ¿Quién no es capaz de recrearse en tu armonía y no coge con la vista el ritmo de tu plácida corriente?        
              
   Te aseguro, río Muerto, que cuando llega a tus orillas el invierno, desencadenas un desfile de ramajes cruzados, de troncos vencidos y fustes inhiestos, de lo más sugerente. Tu arboleda de roces, llena de nidos vacíos, verdaderamente provoca a quién la contempla. Esa quietud que el ser humano tanto persigue, se encuentra en ti.  En esa arboleda que alzas sobre ti mismo, con esa fría quietud iridiscente, te digo que te conviertes en el silencio sobresaliente, en un deseo, en una vuelta atrás, larga y relajada. Así lo guardo en mi mente.                        

     Te veo entre la hojarasca, por un plácido camino, en la dura belleza que te apremia cuando te contemplo, en contra del más allá de tus alrededores, con todas esas circunstancias que quiere hacer de ti un espacio a penas visible, cada vez más disimulado, donde parezcas un sueño. Quiero retomar tu libertad recorriéndote despacio, valorarte lentamente desde tantos ángulos como pueda, después de volver, una y otra vez, para contemplar el esplendor de las estaciones.                                                                                  

    Vuelvo y vuelvo a decírtelo, Río Muerto, una música de hojas verdes te reaviva cada primavera y se diluye en tu corriente plateada, bajo la niebla, o bajo la escarcha tardía. Esta constatación se convierte en fuerza sustancial, porque vives en el canto de los mirlos, en el porte de las garzas, en el revoloteo de las fochas, y renaces cada día con esos rayos de sol profundos que te atraviesan y trasfiguran los tallos y los brotes que reactivan tu amable naturaleza. Entonces, eres la abeja, la flor, la nube, la rama, el trozo de cielo, nada más que eso, sin necesidad de ser otra cosa. 

    Así, en ese tiempo, Río Muerto, estás siempre reservado por mi memoria al renacer de la vida en un baño idílico, en el verano caluroso y eterno que cada año me ofreces, desnudos tú y yo, y el mundo, cuando nado aguas abajo, llevado por tu corriente como una de tus hojas de envés plateado, de limbo aserrado, de nervada textura. Y veo los hilillos de tu corriente como se tejen en los remolinos de tus viejas olmas, entre aneas y juncos, formando un manto de agua clara, zambullida, arremansada, preservada en la fresca sombra. Una higuera, una parra y un nogal alcanzan tu orilla. Y llego a sumergirme en la noche de tus aguas, bajo el reflejo de la Luna, en el agua oscura y muerta, donde perdura tu agonía de río entregado, como un obstinado superviviente. Obtengo la libertad nadando en tus torrentes repentinos y en alguno de tus remansos me encarcelo y me quedo a reposar.    
                                    

    Entre encajes de ramas de álamo viejo, entre las melosas mimbreras y las espinosas zarzas, cobijas la esperanza de preservarte. Incluso en los inviernos que desnudan tu porte arbóreo y desvisten tus raíces primigenias, entre baladres y cañas, aún ocultas todo tu misterio. De tus derroches vegetales se poblarán siempre tus limos, cumpliendo contigo la condena de morir viviendo tanto. 
                                                         
    Eres, río Muerto, un paseo en perfecto contraluz y una ribera de espirituales mañanas, pasos y más pasos de agua y arena. Eres de amaneceres rosados y limpios, que crecen hasta ese nítido carácter diurno de tu vigor.  Eres el místico medio día primaveral, casi caluroso, y la clausura sombría del verano en el frescor de tus ramajes. Eres el cálido atardecer, el frío y misterioso carácter crepuscular que precede a la noche. Y siendo así, los vados que permiten cruzarte hacen de tu entorno lugar de paso y frontera, un espejo momentáneo lleno de tibios reflejos.                                                                                    
     ¿Qué más eres? ¿Qué más puedes ser que no seas por estar muerto? Quisiera robarte toda el agua que pueda coger en mis ojos, para tenerte presente cuando vuelvas a ser ese río Segura, que ha de llegar hasta el mar. ¿Qué aguas eligen discurrir por el canal de ingeniería y cuales prefieren tu cauce?

El río Muerto aparece entre alamedas dormidas, a partir de la presa de la hoya García, como si fuese un afluente de una corriente mayor, en este caso del río Segura; pero que en vez de juntarse con aguas más caudalosas se separa de ellas, caprichosamente, por la acción de la mano del hombre, que se lleva la mayor parte del caudal, a través de un canal artificial, hasta el Salto del Progreso. Entonces, parece que todo el río cambia, para convertirse en un espacio que se preserva así mismo.


Aguas arriba pasa algo parecido, otra presa, la de La Mulata, amansa la corriente, retiene el caudal del Segura para sumergir la mayor parte en un canal subterráneo que se lo lleva hasta el Salto de Almadenes, para producir electricidad con su fuerza, dejando otro tramo de río en parecidas circunstancias, a través del impresionante cañón de Almadenes, pero eso es otra historia.                                                                                          

El río Muerto se puede vadear por la desembocadura de la rambla del Cárcabo, cogiendo el camino que pasa por debajo del puente que la salva, en la carretera del pantano de Alfonso XIII. Por la margen derecha del río, o por la izquierda, se puede empezar a disfrutar del paisaje y la naturaleza que lo envuelve, desde la presa de la hoya García.
       
  © Pedro Diego Gil López

jueves, 5 de febrero de 2015

SIETE LIBROS DE ENERO (2)



  Jesús A. Salmerón Giménez

    De joven, dice, “leía para la ostentación”, para hacer gala de conocimientos y alardear de ellos; más adelante, para ser un poco más sabio, y ahora simplemente, por placer, nunca por el beneficio. Si un libro le aburre, toma otro. Si un libro le resulta demasiado difícil, “no me muerdo las uñas por las dificultades que encuentro en un libro. Después de uno o dos intentos, renuncio, pues mi cabeza actúa sólo al primer impulso. Si no comprendo un punto a primera vista, es inútil repetir los esfuerzos, sólo consiguen hacerlo más oscuro”.
                                                        Montaigne citado por Stefan Zweig.


Ilustración: Quint Buchholz
    Como a estas alturas de NOTAS sabe más de uno, para mí leer es más que una afición: una necesidad, una pasión, un placer profundo. Con mi admirado Montaigne sostengo que los libros “…Son las mejores provisiones que he encontrado para este viaje de la vida”. Y hacer una reseña me regala siempre la oportunidad de ser el "escribidor" del lector que soy. Comparto aquí una segunda entrega  de mis experiencias de lectura a lo largo de las tardes de enero ("¡Cómo cae la bruma en el alma/perfumada de amor y recuerdos!/ ¡Cuantas almas se van de la vida/ estas tardes sin sol ni luceros! JRJ).



  Ahora que tantos se afanan (y medios y voluntades se disponen) en la búsqueda de los despojos de Cervantes, conviene leer a quien lo busca donde realmente se encuentra: en sus libros ("Cervantes habita su gran libro de manera tan omnipresente que necesitamos darnos cuenta que contiene tres personalidades: el caballero andante, Sancho y el propio Cervantes"). Con el título de este ensayo (desde Martín de Riquer, no había leído una aproximación tan original y brillante al Manco de Lepanto) se da nombre a una colección de artículos del grandísimo Sergio Pitol, que pivotan sobre temas -de lo más variopintos- que configuran su particular geografía de lector: la amistad, México, el arte, las vanguardias, los libros (le dedica unas hermosas páginas a un libro -y a su autor- para mí desconocido, sobre el que me voy a lanzar como un lobo a una herida abierta: Cómo me hice monja, de César Aira), escritores (lúcida y reivindicativa reflexión sobre Galdós, uno de los pocos autores en castellano que aprendieron y se aplicaron la lección de Cervantes), cine (la reivindicación de modernidad -y celebración de la vida- que hace de Blow Up -película de Antonioni sobre una idea de Cortázar- me ha emocionado: me ha traído a la memoria los días felices y cinéfilos de mi juventud)…Como en los buenos libros, con la lectura de estos ensayos uno tiene la impresión de mantener una conversación literaria con un escritor inteligente, que nos ilustra, que arroja luz sobre la noche de nuestra alma (aunque también hemos aprendido que, "cuando el círculo de luz se amplía, otro tanto hace la zona circundante de oscuridad").




  «La juventud es un libro en numerosos volúmenes que constituye apenas una mera estantería en la enorme biblioteca de la vida» Henry James

    Este libro de carácter autobiográfico de Henry James (un cuaderno de notas que escribió dos años antes de morir, y dejó inacabado), publicado por la (excelente) editorial Periférica bajo el título El comienzo de la madurez, y traducido por el escritor Juan Sebastián Cárdenas, nos habla de la soledad y de la dedicación al arte, pero sobre todo es el retrato (con cierta dosis de melancolía) del paso del escritor por el rubicón de la vida, su particular “línea de sombra” conradiana, ese momento en el que la ambigüedad de la juventud se torna claridad y precisión: “El punto en el que el mundo claudica, se (re)ordena y adquiere consistencia, nitidez y credibilidad”.
  El texto es un tapiz de recuerdos, remembranzas, impresiones...contados con esa forma de narrar tan peculiar de Henry James (construida a través de su característica -enrevesada- sintaxis: frases vacilantes y subordinadas, interminables, que van matizando -y a veces minando- la oración principal), el estilo puntillista de un hombre extraordinariamente escrupuloso con la perfección de su arte.
  Como a estas alturas del baile sabemos, Henry James es un autor que requiere del lector una disposición de ánimo muy atenta -y un entorno apropiado- para enfrentar sus textos. A cambio, nos ofrece siempre el poder hipnótico de su admirable prosa: y nos permite descifrar un mensaje que deja asombrado al lector desavisado. La inteligencia siempre agradece su lectura (en sabias dosis, claro).

  

   De una tacada, sin aliento, seducido desde las primeras líneas, he leído este hermoso libro, que me han regalado unos grandes, atentos amigos, que conocen mi fervor por Montaigne.
  STEFAN ZWEIG, uno de los grandes escritores de la literatura centroeuropea de entreguerras, huyendo del terror nazi y todo lo que representó: símbolo de una sociedad cada vez más brutal y gregaria, fija su atención en el Montaigne que, en unas trágicas circunstancias similares, supo salvar su independencia y preservar su libertad. Y el perigordiano se convierte, en esa hermandad de destino, para el fascinante escritor que es Zweig, "en mi hermano indispensable, en mi amigo, mi amparo y mi consuelo (...)".
     El libro quedó inacabado. El escritor, en 1942, ingirió un veneno letal con su mujer, Lotte, en la ciudad de Petrópolis, a 66 kilómetros de Río de Janeiro. Zweig no pudo superar aquella barbarie, la terrible noche en la que se sumió Europa. O tal vez pensó en lo que escribió su admirado Montaigne, y que él mismo cita en este hermoso libro: "La vida depende de la voluntad ajena; la muerte de la nuestra. La muerte más voluntaria es la más hermosa".

   "Y, a los de nuestra generación, nos parecía que Montaigne daba tirones inútiles a cadenas que creíamos rotas hacía tiempo, sin sospechar que el destino las había forjado ya de nuevo para nosotros, más duras y crueles que nunca. Y así, honrábamos y respetábamos su lucha por la libertad del espíritu como una lucha histórica que para nosotros era superflua y fútil desde mucho antes. Una de las misteriosas leyes de la vida es que descubrimos siempre tarde sus auténticos y más esenciales valores: la juventud, cuando desaparece; la salud, tan pronto como nos abandona, y la libertad, esa esencia preciosísima de  nuestra alma, sólo cuando está a punto de sernos arrebatada o ya nos ha sido arrebatada” 
Stefan Zweig, Montaigne



 © Jesús A. Salmerón Giménez

lunes, 2 de febrero de 2015

ENTREVISTA Al GRUPO DE TEATRO PINTXATRO


                                                                                                       Sara Alarcón  

    El   grupo  de teatro Pintxatro, dirigido por Emmanuel Vizcaíno  –que será quien ponga voz a las respuestas de esta entrevista–, ha sido creado e integrado por alumnos de la Escuela de Arte Dramático de Murcia. Se dedican a hacer comedia, y acompañan las representaciones de sus obras con una pequeña cena fría. Nos dice el director que cuentan con un grupo permanente de actores que van rotando según el espectáculo. Empezaron a funcionar hace un año y medio, y han llevado a los escenarios doce obras distintas.  
         
     Pintxatro, ¿algún vasco por aquí? ¿Cómo surge este proyecto?
    (Risas) No, ningún vasco. Aunque tengamos a un vizcaíno.
  El proyecto surge como respuesta a una necesidad propia de los componentes. Aunque parezca mentira, en la Escuela de Arte Dramático no te subes al escenario tantas veces como uno desearía. Así que lancé la idea de crear un grupo permanente que nos diera la oportunidad de trabajar tantas veces como quisiéramos. Tuve la suerte de encontrarme con un grupo maravilloso de compañeros que me dijeron que sí.
  Al principio, el ritmo fue algo frenético; llegamos a escribir, montar y representar tres obras distintas sólo en un mes.

   La idea de dar comida y bebida en el teatro, ¿de quién fue y cómo está resultando?
   Yo vengo de Huércal Overa, un pueblo muy bonito de Almería. Allí, y casi por casualidad, empecé a hacer teatro en sitios menos comunes: al aire libre, en restaurantes, discotecas,... Y me di cuenta de que el público reaccionaba mucho mejor cuando tenía una cerveza en la mano. La relación que creas con el espectador es distinta. A diferencia de los teatros convencionales, donde el público se sienta a ver algo encorsetado en una butaca, nuestro público tiene la libertad de levantarse si no le gusta lo que ve; o al menos, soportar un espectáculo que no es de su agrado con una birra en la mano.
Por otro lado, soy un apasionado de la cocina. La idea era hacer comida temática: cada pintxo estaría integrado con el argumento del texto. Así, por ejemplo en El mensaje de Gabriel, tenemos alitas -de pollo, a falta de ángeles-, patatas a la franciscana y, de postre, huesos de santo, todo en sintonía con la temática religiosa de la obra.
   La acogida de la propuesta ha sido magnífica y le debemos todo a un público, que no sólo viene una y otra vez, sino que se encarga de enganchar a más gente en esta locura.
   Además de la cerveza, ofrecemos una cena fría que siempre consiste en tres pintxos: dos salados y uno dulce. Suficientes para cenar. Como he dicho, siempre se piensa el menú en relación a la obra. A veces, incluso, se ha pensado la obra a partir de un plato. Gastronomía y teatro se unen mejor de lo que nos pensamos.
  También se tiene en cuenta que hay público vegetariano, así que siempre hay una alternativa gastronómica para ellos.

   Cinco euros parece un precio muy asequible para todo lo que ofrecéis, ¿así queréis llegar a otro público con menor poder adquisitivo?
   Evidentemente. Nuestro público potencial son los universitarios, de hecho cuadramos nuestra programación teniendo en cuenta época de exámenes, vacaciones, etc. Y a los estudiantes no nos sobra el dinero. Teníamos que buscar una forma de sacarles de casa para algo más que para ir de fiesta. Ofrecer una alternativa de ocio de calidad, pero a precio de estudiante no becado.
  Por suerte, en esta tarea no estamos solos. Otros grupos, como Teatro Pequeño o Teatro del Tupper, están en la misma línea; y me enorgullezco de que todos juntos, hayamos conseguido crear una afición y costumbre por ir al teatro que parecía casi perdida. Ahora los murcianos saben que prácticamente todas las semanas pueden ir a ver alguna de nuestras compañías.

    ¿Tenéis un sitio fijo para actuar?
   Comenzamos en un pub del centro que pronto se nos quedó pequeño. En estas, dimos con La Puerta Falsa y nos enamoramos. A día de hoy, sé que el flechazo fue mutuo. A ellos les encanta lo que hacemos y nosotros estamos encantados de poder mostrar en un sitio que es amplio y a la vez acogedor, con todas las comodidades técnicas modernas y, a la vez, con solera. La Puerta Falsa y su personal, como histórico soporte de la cultura de base murciana, es ya parte imprescindible de la compañía.
A veces, incluso, hemos disfrazado a los camareros según la obra. Ellos entran en el juego y nosotros encantados.



  ¿Qué podéis contarnos de El mensaje de Gabriel, vuestro próximo estreno?
    Nos gusta jugar con el factor sorpresa, pero esta vez con el propio título se nos ve el plumero. (Sonríe) Así que no tengo miedo de hacer spoilers.
A modo de sinopsis podríamos decir que el arcángel San Gabriel baja a la tierra a anunciar el fin del mundo. Más claro no puedo ser (vuelve a sonreír). Aunque todo es una excusa que nos vale para desmontar y hacer crítica sobre nuestro sistema social y, por supuesto, religioso.
   Es una obra unipersonal. A caballo entre el monólogo dramático y el stand up (comedia en vivo), sin cuarta pared.
  El hecho de tener que salir sólo a escena me tiene un poco acojonado. Pero seguro que va todo bien.

   Y sobre la situación actual del teatro, de la cultura en general... ¿Qué carencias observáis ?  y  ¿qué  nuevas ideas creéis que se podrían aportar?
  Es difícil hablar de esto desde una compañía tan joven, pero para nadie es un secreto que la cultura está en crisis desde antes de que se oyera hablar de ella.
   Personalmente creo que es problema de todos. De las instituciones por no dar apoyo, y de la propia cultura, por haber dependido históricamente del apoyo de las instituciones. Si tuviésemos una industria potente detrás, no sería tan difícil. En una época donde una entrada a un espectáculo es casi un lujo, es necesario que las compañías escuchen al público y que, por supuesto, los políticos vayan al teatro y escuchen a las compañías.
Por otro lado, toda esta situación está siendo caldo de cultivo para proyectos escénicos innovadores que han venido para quedarse. Dentro de lo malo, hay luz al final del túnel.

    Tenéis vía libre para hablar de vuestros proyectos.
   Nos conformamos con podernos subir a unas tablas de vez en cuando. El sistema con el que funcionamos nos limita un poco: la comida se prepara el mismo día de la representación –es común ver a los actores picando verduras mientras pasan texto–, y esto es difícil de trasladar fuera de Murcia. Pero bueno, si hay que poner un objetivo... me encantaría contar con un equipo de catering para poder salir a los pueblos de alrededor de Murcia. Eso sí: ¡con pintxos!



   Igualmente, y fuera del teatro sin estar desligado totalmente de él, estamos preparando una serie de sketches de humor que pronto empezaran a circular por Intertet.  

Nos despedimos de  Emmanuel Vizcaíno deseándole éxito  a  Pintxatro, el 

grupo que dirige. Él nos da las gracias.



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Sara Alarcón  (Cieza, Murcia, 1993), Graduada en Comunicación Audiovisual (URJC). 
Cursa el Máster de  Psicoanálisis y Teoría de la Cultura (UCM).