jueves, 30 de octubre de 2014

UNA MIRADA A LOS DOS LADOS



…, no aceptaré nada que  los demás no puedan
tener en iguales condiciones.
                                               Walt Whitman


    Porque la vida nos está arrostrando lo que se puede hacer desde su lado más oscuro y podrido. Porque la vida nos está arrostrando lo que se puede hacer desde su lado más claro y necesario, nos detenemos para mirar:



     Joaquín Sánchez, el cura,  sabe estar donde hace falta, que es con los que menos tienen de lo que de verdad se necesita para vivir con medios decentes; siempre ha estado con ellos y ellos lo saben, y cuantos lo conocemos. Su capacidad de movilizar y de trabajar  en pro de quienes más padecen injusticias es proverbial. Ha sido llamado, entre otros trabajadores de las causas sociales, por el papa Francisco para participar en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares.  Bien, más allá de la religión, que desde la Iglesia  vaticana se quiera mirar hacia donde es obligado,  por moral y por ética,  y porque se tenga en cuenta a gente tan valiosa, con  gran humanismo en su ruta diaria.


Médicos sin Fronteras y  las organizaciones que saben lo que vale la vida de los que peor viven, y hacen filigranas por buscar la solución de sus problemas,  por curar  o atenuar sus dolores,  con su tremenda labor humanitaria nos hace sentir  que  ser  varón y ser mujer es algo  inmenso, que el hombre no es un lobo para el hombre.


Viñeta de El Roto

    Es debe  ser una vergüenza para quien digne llamarse humano, activar eso que se ha dado en llamar «La devolución en caliente», y que va dirigida a personas que viven la tragedia de dejar su tierra y jugarse a vida o muerte sus días cruzando el mar, esperándoles para  cóctel de desgracias, una valla que abre la carne, sangrantemente alta. 
     Dice Amnistía Internacional: Las expulsiones sumarias y colectivas están prohibidas en el derecho internacional. Sus consecuencias pueden ser terribles para los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas. Pueden exponer a las personas a ser perseguidas, torturadas, desparecidas e incluso pueden poner en peligro su vida tanto en los países de origen como de tránsito. 
Y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), dice ante la propuesta de "legalizar" las 'devoluciones automáticas': En 2013, unas 4.200 personas entraron en las dos ciudades autónomas de forma irregular (por tierra y mar). En lo que va de año, más de 5.000 personas han llegado a Ceuta y Melilla, entre ellas 2.000 personas que han huido del conflicto en Siria, el 70% de las cuales son mujeres y niños. («ACNUR advierte: la devolución en caliente incumple el derecho de asilo», EUROPA PRESS, 28/10/2014) 

    Y más: causa vergüenza ajena el que se  robe y despilfarre tanto dinero público, es decir nuestro, de todos.  Y lástima, sí, porque cuánta ignorancia demuestran acerca de lo que han perdido queriendo acumular.

  

      La filósofa Adela Cortina apunta unas claves que no debemos ignorar:         Es más inteligente cooperar y colaborar porque así todos salimos ganado. Si sumas en positivo todo el mundo sale ganando. Si ganan unos pocos, otros muchos salen perdiendo. (…) Todos los seres humanos somos necesariamente morales. Podemos ser morales o inmorales, pero no amorales. Y lo mejor que podemos hacer es sacar partido de esa manera de ser moral del modo más inteligente posible. De hecho, eso es lo que se ha intentado desde Grecia.  (…)  He intentado hacer ver que hay algo muy claro en este momento: si nos hubiéramos comportado éticamente, no tendríamos una crisis como la actual.  («El ‘grito moral’ de Adela Cortina» gana el Nacional de Ensayo, El País, 22/10/2014)





Una muestra de información compartida,
gracias,con ella,  a tantas personas que muestran información y enlaces
 a variedad de temas que nos hacen mirar, conocer, comprender.

    Así que, mirando a los dos lados, adonde se nos va el ojo para nutrirse  –frente a quienes han cometido actos punibles –, es hacia esas personas  que nos hacen sentir bien con nuestra especie, a pesar de los pesares:  las ya citadas y  tantas otras conocidas  o no, que van dando lo mejor de sí, haciéndose eco de que algo está torcido,  de lo que está derecho… Gente que no se calla, y que –para que no se apague ni se olvide socialmente– sabe encender esa chispa que cimbrea  la  justicia.
Rosa Campos




sábado, 25 de octubre de 2014

ADELAIDA Y VÍCTOR

Jesús A. Salmerón Giménez

    Como quien no quiere la cosa, como una noticia más de las que pare y engulle vertiginosamente  esta sociedad de la información en la que estamos inmersos,  leo, en un artículo de Facebook, que la escritora Adelaida García Morales ha muerto. En la misma página (El año de la ballena,) se publica  una foto de la escritora de joven (el bello rostro, un tanto anguloso, huidizo;  los ojos negros, hondos como la  insondable noche, velados de misterio y,  me parece, un fondo de tristeza), y la vista se me nubla y me quedo inmóvil  frente a  la pantalla muda y neutra del ordenador, paralizado por la tremenda noticia que -ajenos, indiferentes-, me acaban de traer los heraldos  negros de Facebook.


   Cuando reacciono, y recobro la noción del tiempo y los objetos de mi habitación se tornan de nuevo familiares, sigo leyendo la noticia: Este lunes, día 22 de septiembre, falleció en Sevilla la escritora ADELAIDA GARCÍA MORALES. Autora poco conocida, gozó sin embargo con el beneplácito del público con su relato "El sur", (…) Llevaba más de una década alejada del mundo editorial y a pesar de que haya muerto sin apenas reconocimientos, Adelaida García Morales tiene, a nuestro entender, un lugar importante dentro de la literatura española de finales de siglo XX. Descanse en paz.

   La breve reseña, sin embargo, desata una extensa onda expansiva en mis recuerdos… Todo empezó con El sur, película dirigida por Víctor Erice, quien fuera durante años la pareja de Adelaida. De este director de culto, siempre se destaca como una obra extraordinaria (y lo es) El espíritu de la colmena, sin embargo, el filme que me produjo una honda emoción fue sin duda El sur, que actuó en mí como prescribe Kafka debe hacerlo todo buen libro:(…) tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro. Cuando la vi por primera vez, en un cine de estreno de Madrid, en el remoto invierno de 1983, esta historia de un padre y de una hija me conmovió profundamente. En su hondo misterio, en su profunda verdad esta -lírica, luminosa, legendaria- película, encarna para mí los arcanos del cine y de la vida. Recuerdo todavía que salí de la sala conmovido, sin notar apenas el frío mesetario de Madrid,  y  lo primero que escuché, y rompió el hechizo que todavía perduraba, fue a varios espectadores vocingleros comentando que la película era más lenta que el caballo del malo. Esta calificación peyorativa me llegó al alma: Les dije que estaban haciendo otra versión, pero esta vez con los actores en bicicleta. (Nos separaron, no llegó la sangre al Manzanares). Cómo explicar que la cadencia que imprime Erice a sus imágenes (“dejar pasar el tiempo”) es el sustrato de su mirada poética: sin ella, la conmovedora potencia de algunas imágenes de la película nunca tendría lugar.


     Después supe de la existencia del libro (editado por Anagrama,  junto con otro relato corto de Adelaida, Bene) y me lancé a él: y de alguna forma multiplicó las impagables sensaciones de la película: el trazo hondo y luminoso de la historia estaba ahí y además continuaba (Estrella –Adriana en la novela- viaja al sur, a Sevilla: Ciudad, hecha de piedras vivientes, de palpitaciones secretas... Y los habitantes que albergaba parecían emanados de ella, modelados por sus manos milenarias").

     Y luego vino El silencio de las sirenas, una historia que transcurre en las Alpujarras, donde la autora vivió retirada cinco años. En esa remota aldea, una joven vivirá una desmesurada historia de amor con un hombre que conoció fugazmente y que reside en Barcelona. La mujer, entregada al cultivo de la soledad, fantasea una pasión amorosa que nunca se cumplirá. Una pequeña gran novela, con la que obtuvo en 1985 el prestigioso premio Jorge Herralde de Novela, y en la que la autora nos vuelve a poner de bruces con el misterio (La vida como un misterio indescifrable. Y algunas personas, arrastrando ese misterio hasta el fin de sus días).


   Y ya, incomprensiblemente, no volví a leer nada de esta autora cuya sensibilidad, belleza e inteligencia marcaron una época de mi juventud. La descripción que hace de Gloria Valle, la mujer amada por el padre de Adriana, que posee "una belleza que no parecía venir sólo de su rostro ajado, sino de muy adentro, de algún lugar de su interior que, sin duda alguna, se había salvado del tiempo", se podría aplicar a esta espléndida mujer que, como quien no quiere la cosa, sin hacer ruido, nos ha dejado para siempre.


     Víctor -como por fruto de una maldición, o que prosperó ese mantra de “lento”, ese sambenito que le colgaron tempranamente, y que marcaría para siempre la carrera de unos de los más grandes directores de cine que ha tenido este país-, después de esa obra maestra inacabada (como él la consideraría siempre), no volvería a filmar un largometraje de ficción (rodó la maravillosa El sol del membrillo, un documental experimental: la historia del artista Antonio López que trata de pintar, durante la época de maduración de sus frutos, un membrillero que hace tiempo plantó en el jardín de la casa que ahora le sirve de estudio – un empeño memorablemente frustrado de “detener el tiempo”-). Hubo un intento fallido de llevar al cine El embrujo de Shangai de Juan Marsé que no llegó a concretarse (al final fue Fernando Trueba quien la llevó a las pantallas). Y hasta ahora. Este inmenso director, de la estirpe de Dreyer, Ozu o Mizoguchi, es despreciado en este extraño país, que nos priva de sus maravillosas películas, de su extraordinaria poesía visual, sobrados como andamos de grandes directores de cine.
Así nos va.



 © Jesús A. Salmerón Giménez

miércoles, 22 de octubre de 2014

DE ÁFRICA


    Pensando en Teresa Romero (enfermera española, fuerte  y solidaria),   que ha superado al ébola; en los médicos del Hospital Carlos III  (grande la Sanidad Pública española); en la curación de la hermana Paciencia (enfermera africana, fuerte y solidaria) que se ha curado en África,  donando ya dos veces su suero sanguíneo porque contiene anticuerpos del virus letal, y eso le confiere posibilidad de curar.

   Pensando en estas cosas gratificantes de la vida,  hemos llegado también a las penas de un continente  con suficiente  riqueza para que nadie  pase hambre, ni tenga sed, ni las enfermedades causen tantas muertes, ni salgan tantos hombres y mujeres que se arriesgan a viajar en pateras y que se encaraman a las vallas  de la miseria. Y aun pensando en todo esto, qué poco sabemos de África... 

  Dos obras, para intentar acercarnos a la creatividad africana contemporánea, una pintura:



Economistas en bicicleta (2001)

de Chéri Samba, pintor nacido en la República Democrática del Congo(1956)




  Y el relato poético de Tolba Phanem, poeta africana, luchadora por los derechos civiles de la mujer, titulado:

LA CANCIÓN DEL HOMBRE (2007)
(también llamada del Niño, del Alma y de los Hombres)

     Cuando una mujer de cierta tribu de África descubre que está embarazada, se va a la selva con las otras mujeres y medita y reza hasta que aparece la "canción de la nueva criatura". Cuando nace el bebé, la comunidad se junta y le cantan su canción.

   Luego, cuando el niño comienza su educación, el pueblo se junta y le cantan su canción.Cuando se convierte en adulto, la gente se junta y le cantan su canción.

   Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción.
Finalmente, cuando su alma está por irse de este mundo, la familia y los amigos se aproximan y, al igual que en su nacimiento, cantan su canción para acompañarlo en el "viaje".

   En esta tribu de África hay otra ocasión en la cual se canta la canción.
Si en algún momento la persona comete un crimen o un acto social aberrante, lo llevan al centro del poblado y la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces le cantan su canción.

  La tribu reconoce que la corrección de las conductas antisociales no es el castigo. Es el amor y el afianzamiento de su verdadera identidad.
Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de perjudicar a nadie.

  Tus amigos conocen "tu canción" y la cantan cuando tú la olvidas. Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes o las oscuras imágenes que muestras a los demás.

   Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo.
   Tu integridad cuando estás quebrado.
  Tu inocencia cuando te sientes culpable, y tus propósitos cuando estás confuso.



domingo, 19 de octubre de 2014

CAMINANDO

   
     
   NOTAS, revista cultural ayer sobrepasaba las 30.000 visitas en Google +Gracias todos los lectores  que lo han hecho posible, y gracias a todos  los colaboradores, por aportar el contenido. Es  un dato importante para este espacio digital que lleva tres meses publicando, más uno y medio de descanso vacacional, entre julio y agosto, si bien el 2 de agosto publicamos PALESTINA.


   
Se han modificado cosas desde el 2 de junio en que arrancamos con el artículo TANTO POR HACER ,  cierto que muy poco para tanto como se necesita, pero capaz de alzar el valor que tiene la movilización social y la admiración hacia quienes trabajan por nobles causas:

   -El Premio Nobel de la Paz 2014, otorgado a Malala Yousafzai, joven paquistaní  que defiende el derecho a la educación en las mujeres,  y a Kailash Satyarthi, activista hindú que lucha contra la opresión de los niños y los jóvenes, y por su derecho a la educación.

   -El próximo lunes (según información recogida)  liberarán a las  más de 200 niñas nigerianas.

Y en la cara oscura de la realidad que vivimos en la que debemos tener el hambre como una de las principales cuenta por saldar, respecto a los temas tocados en los dos artículos citados, anotamos lo siguiente:

Según las noticias que nos llegan, tras el alto el fuego entre Israel y Palestina, no se ha mejorado la vida en la Franja de Gaza debido al bloqueo que tanto Israel como Egipto  imponen a los habitantes de esta zona tan brutalmente castigada. 
Pero encontramos  un signo de esperanza en la promesa  que salió de la Conferencia Internacional  (El Cairo, 12/10/14), de aportar 5. 400 millones de euros para ayudar a Palestina, la mitad irá destinada a reconstruir la Franja de Gaza.

   
 En cuanto a la situación de las mujeres en la India,  Shefali Varma,  hindú, presidenta de la  Asociación de Mujeres de Sudasia, dice  que en su país la violencia  contra la mujer continúa, y en muchos casos va en aumento, a pesar de que gobierno e instituciones  hayan puesto en marcha las leyes  para frenar estas agresiones y para no dejar impunes a los agresores, pero asegura que eso  no es suficiente porque «una cosa es lo que dice la ley y otra la cultura, que es lo que hay que cambiar». Sus palabras nos transmiten algo que debemos atender. De los diferentes conceptos que podemos tener de  cultura,  solo los que respetan  a todas las mujeres igual que a los hombres, los que cuidan de ambos en la niñez y los que fomentan la educación universal son los que marcan el camino que realmente merece la pena recorrer y  hacia el que hay que dirigirse. 




    Este poema,  perteneciente a  El Ojo de la Mujer,  de Gioconda Belli (Managua, Nicaragua), es un hermoso regalo cultural:

Y DIOS ME HIZO MUJER 

Y Dios me hizo mujer,

de pelo largo,

ojos,

nariz y boca de mujer.

Con curvas

y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.




Y el perteneciente a Ahora y Siempre, de la poeta  María Pilar López (Cieza, Murcia), escrito en la primavera de 1993, también lo es:




     NIÑO BOSNIO

  Ayer te vi en la tele
  pequeño niño bosnio.
 Te faltaban las piernas
 pero tú sonreías,
 y tu sonrisa era
 el más bello mensaje
 de paz para la tierra.



 © Rosa Campos

miércoles, 15 de octubre de 2014

ALGUNOS NÚMEROS

      Juan A. Piñera

      Para apartarnos de la vorágine actual, de los ladrones de guante blanco, etc., etc., y no caer en depresión profunda, regularmente hay que sumergirse en otras cuestiones no tan terrenales ni prosaicas como las que nos ocupan día a día.
     
     Una mirada al pasado siempre hace volar la imaginación en extremo, e incluso puede ser saludable, o, como poco, ejercitante. Para ello traigo un interesantísimo documental de corte científico, sin pretensiones, sobre Egipto, extensible a otros lugares, que muestra numéricamente algunas coincidencias que quizá no lo sean tanto.

    


     Echen un vistazo y saquen sus propias conclusiones.

  Se puede buscar dónde aparece el número áureo (1,61), qué gobierna, cómo se comporta e incluso hasta dónde, aparentemente, se construye:          
      


   ¿Casualidad que el yacimiento este ahí para que aparezca el número de oro en la figura? Quién sabe.


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domingo, 12 de octubre de 2014

EL HOMBRE QUE SE COMIÓ SUS BOTAS (LENTAMENTE)


   Jesús A. Salmerón Giménez

    "Nuestra época se abandona al demonio de la velocidad, y por este motivo se olvida tan fácilmente de sí misma. Pero yo prefiero darle la vuelta a esta afirmación: nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar, y para realizar tal deseo se abandona al demonio de la velocidad; si acelera el paso es porque quiere hacernos entender que ahora ya no aspira a ser recordada, que está cansada de sí misma, disgustada consigo misma; que quiere apagar la trémula llama de la memoria”.
-Milan Kundera-


   Cuando el mes pasado saltó la noticia a los medios de comunicación de todo el mundo, que un equipo canadiense había hallado uno de los dos barcos de la expedición del explorador británico sir John Franklin, desaparecida en 1845 en el Ártico (Es un hallazgo sensacional. La búsqueda de esa expedición, que parecía haberse esfumado, ha obsesionado al mundo desde que se perdió. Innumerables misiones fueron enviadas tras su estela, provocando, en una nefasta cadena, nuevas desapariciones -Jacinto Antón, El País, 14 de septiembre de 2014- ), inmediatamente me vino a la memoria un libro que leí ávidamente en 1990 y  que me dejó una huella imperecedera: El descubrimiento de la lentitud, del escritor alemán Sten Nadolny.


   En esta espléndida novela se narra la historia de John Franklin, marino y explorador británico nacido en 1786 y muerto en 1847, durante una tercera expedición al Polo Norte, mientras regresaba de buscar el paso del Noroeste (en la que desapareció toda la expedición: 128 hombres y dos barcos, el HMS Erebus y el HMS Terror). A este hombre intrépido, que se convirtió en un héroe de su tiempo, y fue protagonista de historias extraordinarias, la prensa británica le llamó “el hombre que se comió sus botas” (con motivo de su regreso de una expedición, en la que al menos dos de los miembros de la expedición fueron asesinados por sus compañeros, los hombres acabaron masticando cuero de sus zapatos y se sospechó de casos de canibalismo).


    Pero, con ser admirable la biografía de este gran descubridor, lo relevante del libro, lo que en él nos llama poderosamente la atención (así recuerdo yo aquella remota lectura), sin duda es la increíble descripción de la forma en como actuaba el protagonista. El autor ­­­lo presenta como una persona "lenta" en todos sus actos y pensamientos. Nuestro protagonista, John Franklin, padecía de lentitud. A los diez años de edad no era capaz de coger ni una pelota. Su percepción de la realidad poseía otro tiempo y también otra perspectiva, “aunque nunca hacía ni pensaba dos cosas distintas a la vez”. Con su ritmo personal de discurrir, se hace marinero: “No se cansaba nunca de observar el color de las aguas, el telón de la línea de costa, la eterna recta del horizonte”. El conflicto con los franceses lo sorprende en altamar y entonces descubre que “La guerra va demasiado despacio para todo el mundo…”. Con el tiempo, y tras amargas y también emocionantes experiencias (entre ellas, la batalla de Trafalgar), John Franklin irá creando lo que llamará “método o sistema Franklin”, es decir, una manera lenta pero efectiva y, aún más, precisa, de entender los asuntos de la vida.

   John Franklin es un héroe cuya fortaleza no reside en la rapidez sino, todo lo contrario, en la lentitud de su discurso y de su pensamiento. Gracias a su tiempo peculiar, resuelve problemas que, afrontados con premura, hubieran derivado en consecuencias fatales. La geografía polar y, más que nada, la expedición, lo llenan de alegría: “Sólo ansiaba seguir así en el camino, igual que ahora, en un viaje de descubrimiento, hasta que acabara su vida. Un sistema Franklin de vivir y de pilotear”. (Gomís).

   Este “sistema Franklyn” sirvió de inspiración al conocido movimiento Slow, que  tiene su génesis en la Plaza de España romana, en el año 1986., cuando el periodista Carlo Petrini se topó con la apertura de un conocido establecimiento de comida rápida en ese enclave histórico de la capital italiana, y algo se removió en su interior. La respuesta no se hizo esperar, fundándose la semilla del movimiento Slow Food: La idea era simple; proteger los productos estacionales, frescos y autóctonos del acoso de la comida rápida y defender los intereses de los productos locales, siempre en un régimen sostenible, a través del culto a la diversidad, alertando de los peligros evidentes de la explotación intensiva de la tierra con fines comerciales. Tras Slow Food, aparecerían nuevas aplicaciones a otros ámbitos esenciales de nuestras existencias como el sexo, la salud, el trabajo, la educación o el ocio que acabarían por conformar las áreas de influencia del movimiento Slow.” (www.movimientoslow.com).

   Este movimiento, como una marea lenta, se ha ido extendiendo por el mundo y su popularidad actualmente es considerable: son numerosas las ciudades que se han adherido a la propuesta de Città Slow. La filosofía de Franklyn, según Sten Nadolny: ("Soy amigo de mí mismo. Me tomo en serio lo que pienso y siento. El tiempo que dedico a ello nunca pasa en vano. Y me parece bien que los demás hagan lo mismo") ha sido seguida por esta iniciativa, que promueve un comportamiento conscientemente lento, parsimonioso, para hacer justicia a las personas, a la naturaleza y al entorno físico.


     Mucha gente quiere ser más lenta, nos dice Sten Nadolny, esto es, quiere ser más libre y dueña de su destino. Están presos de los ritmos de producción o tienen que esperar, esperar, sin hacer nada. Las posibilidades de vivir son cada vez más estrechas, y nuestra vida es gobernada por decisiones que no hemos tomado.
   La lentitud nos concede tranquilidad, un ritmo pausado que nos permite ser más creativos en el trabajo y en la vida, tener más salud, poder conectarnos mejor con el placer y con los otros. Si queremos ser felices, hay que reaprender el arte de vivir.         John Franklyn, extraordinario marino, veterano de grandes exploraciones árticas y profeta del movimiento Slow, por siempre navegará (lento) en nuestro recuerdo.


 © Jesús A. Salmerón Giménez

miércoles, 8 de octubre de 2014

EL COLLADO DEL CUERNO

   Pedro Diego Gil López  

      
      El collado del Cuerno es un lugar para perderse bajo la amplitud de su cielo, embriagado por la pureza del aire. Está enclavado entre las laderas de una árida solana, acogido entre bastos espartizales, donde abundan resecos romeros, pinos retorcidos, duros espinos y sabinas furibundas. Acercarse a sus inmediaciones es un viaje lento y habrá que dejar el coche lejos para no romper el cárter en alguna piedra traicionera, oculta entre la vegetación que invade el centro del camino, orillándolo al final del último tramo de camino reconocible, lo más cerca posible de la sierra Larga (esa pequeña cordillera que nace en el territorio de Cieza y se adentra en su mayor parte en el extenso término de Jumilla).  

     Cuando cierres el coche mirando en dirección al collado del Cuerno y andes un poco, pronto empezarás a sentirte perdido entre las atochas. Algunos pinos te obligaran a zigzaguear. Agarra la mano de la intuición y oriéntate hacia la gran hendidura que muestra la sierra. Si tienes buen ojo, encontrarás la senda en desuso que asciende al collado. Quítate todo lo que puedas, antes de que el sudor te empape toda la ropa, aunque haga frío. Y apriétate bien las cordoneras de las botas. Llegarás a un barranco de poca hondura, flanqueado por viejos pinos, lleno de troncos secos y piedras, que romperán más de una vez la senda a seguir. Mirando a tú alrededor, indagando en las laderas pedregosas, se apoderará de ti un sentimiento de soledad que te dará ánimos para seguir subiendo.   
                                                           
    Atrapado ya por el paisaje, si sentirte genuinamente solo no termina de aislarte de todos tus pensamientos biográficos, seguro que lo conseguirás contemplando el vuelo de ese águila que por allí andará surcando los cielos, que notará tu presencia accidental, o cuando oigas los graznidos de las chovas resonando en cantarales cercanos.

  Para un momento, coge aire y descansa. Corta un tallo de tomillo, restriégalo con las manos y aspira hondo su esencia balsámica. Ponte de nuevo a andar antes de enfriarte, con esa sensación satisfactoria de empezar a sentirte perdido, mientras contemplas las libélulas y las mariposas que pueblan el hábitat, las florecillas de ajedrea, las estrellas de árnica y las trompetas azulonas del lino. Más arriba, oirás el canto de la perdiz, o el ladrido de alguna zorra. Y luego quédate en silencio. Siente la fuerza del sol. Date cuenta que te has alejado de la senda. Cuando vuelvas a ella podrás relajarte y seguir ascendiendo. Más tarde o más temprano llegas al collado. Ves el saludo que te dedican las cumbres de la sierra, a ambos lados, y de frente, sientes la bienvenida del collado del Cuerno, abierto a un paisaje amplio y gratificante. A tus pies verás el pinar ennegrecido de la umbría y oirás el rumor de algún tractor herrumbroso arando el pedregal, allá entre las viñas, en algún rincón de ese paraje perdido llamado Majariego (las bodegas jumillanas se surten de las olorosas uvas monastrell que maduran en los campos de este paraje ciezano).   

    Los recuerdos se pierden, se los lleva el viento poderoso que asciende con los aires recalentados en el valle. Y te das cuenta de que allí estás tú solo; extrañamente solo, embargado por la dificultad geográfica del lugar. Es lo contrario a soñar, la conciencia se vuelve una paradoja, una realidad vivificante. Te sientes descansado porque tu mente así lo dicta. Puedes centrarte en el aquí y en el ahora. Es como si todo el pasado que abarrotaba tu mente hubiera caído al vacío del collado. Por breves instantes, ves cómo se despeñan tus recuerdos. Deseas abandonar esos retazos de tu personalidad que te visten ante la frialdad de los sucesos.           

    Aun así el entorno te invita a soñar y te obligas a estar despierto, quieres que tu mente esté más despejada que nunca, por el azul del cielo, por la profundidad del paisaje, para mantener tus rasgos de individuo, tal y como quieres, ahora que la soledad triunfa en tu interior.  

   Te sientas en una roca y te observas las manos. Así descansas al ver lo ufano que es el ser humano, notando la dureza pétrea de la sierra, comprobando la aspereza de su vegetación, la vorágine del clima que la envuelve. Palpando tu propio mundo verdadero para perderte, para sentir esa sensación de no ser nadie y a la vez poder marcar con fuego tus señas de identidad en el interior de tu mente, no como un recuerdo, si no como un sentimiento puro, poderosamente nítido.                  

    No te diré como se baja de allí. A lo mejor se te ocurre lanzarte al vacío en un intento de volar. Jamás lo intentarás, estoy seguro, sabes que no estás en un sueño; pero te llevaras esa sensación de haberlo pensado. Eres del todo consciente de que no puedes volar. Te rodea la amplitud de la naturaleza y eso es lo que más presente tienes en tu cabeza. Tú mismo, baja como quieras. Creo que lo harás despacio, tropezando, resbalando, con las cordoneras de las botas desatadas, con arañazos en los brazos, dolorido y cansado. Y todos tus recuerdos históricos te estarán esperando como buitres para volver a devorarte. Déjate comer, ya sabes que eso no es tan bestial, que es algo que, simplemente, sucede. La soledad es muy infiel. No sufras por ella, es ella la que debe sufrir por ti cuando vea que te acompañan de nuevo los recuerdos que te amparan.   

    Allí está tu coche, abrasado por el sol, brillando en la mimética superficie del atochar, esperando la llave que lo abra y lo arranque. Lo ves desde lo más alto de la sierra como un diminuto insecto de metal, o como una lágrima plateada sobre la mejilla del monte que se te encara. O como el punto que señala tu destino inminente y que te reclama con esa verdad tan pura. Un poco antes de llegar a él ya puedes volver a reflexionar, y ya notas la posibilidad de lograr tus sueños. Empiezas a divagar sin querer. Piensas, sin darle muchas vueltas al asunto, que en lo alto del collado te dividiste en dos. Un individuo sin recuerdos se quedó en lo más alto y este que saca la llave, abre y se sienta al volante, es el único que regresa a ese punto de partida anclado en el centro de la realidad absoluta.




      El collado del Cuerno se encuentra en la sierra Larga, entre el término municipal de Cieza y Jumilla. Se puede acceder por la solana o por la umbría de la sierra, en este caso se propone el ascenso por la solana. Habrá que pasar Ascoy, tomar dirección a la Carrasquilla y alcanzar la pista forestal que bordea la Sierra de Benís (es el camino en mejor estado), luego avanzar unos dos kilómetros hasta  el cortafuegos que traza una franja bastante ancha a la izquierda de la pista. Tomando el camino que trascurre por el centro del cortafuegos, pronto se alza una loma, al mismo llegar a esa pequeña cota, aparece una extenso paisaje que abarca la finca de la Casa de las Monjas y el Carrizalejo, y al fondo se divisa la sierra Larga, serpenteando en dirección a Jumilla.  Donde termina el cortafuego empieza la subida a pie al collado.  



© Pedro Diego Gil López