martes, 16 de septiembre de 2014

EMILIA PARDO BAZÁN


Rosa Campos Gómez

Un día como hoy, hace 163 años, nació Emilia Pardo Bazán, y aunque lo que aquí importa es hablar de ella, comentaré  antes algo que  por asociación de ideas me ha venido a la memoria, relacionado con  un viaje a Galicia y con la película Pretty woman:
Era un día de otoño de 1990 y nos dirigíamos, en autobús, hacia tierras gallegas. Cuando  se fue apagando la luz de la tarde y el paisaje a través de las ventanillas ya no era visible, el conductor tuvo el buen detalle de poner una película divertida, agradable, estrenada en la primavera de ese año,  llenando todos los cines en los que se presentaba. En ella había algo que me hizo sentir incómoda: el rico ejecutivo (Richard Gere) le decía a la mujer bonita (Julia Roberts) que se estuviera “calladita” en la cena de negocios, orden que le volvería a repetir en otra ocasión. Al final, y aun quedándose juntos, no fue capaz de pedirle perdón, ni ella de pedirle que rectificara.  Sí, claro que es un cuento, pero ese “calladita” refleja una mala costumbre y, hasta en un cuento que termina bien, chirría.
Galicia es tierra –que me dejó fascinada– donde han nacido grandes escritoras que rompieron con lo de estar calladas a la  realidad de su tiempo. 



    
Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1851 - Madrid, 1921) fue una trabajadora infatigable. Nos dejó más de treinta novelas, numerosos cuentos y relatos,  una quincena de textos de ensayo y crítica, siete obras de teatro, un libro de poesía,  libros de viaje, biografías, más de 1.500 artículos en prensa nacional e internacional, conferencias y traducciones. Su última publicación fue en ABC, a pocos días de su muerte, con un artículo dedicado a la obra de Tagore, siendo la primera en hablar de este autor que aún no había sido traducido al castellano.

Dirigió varias revistas, una de ellas, Nuevo Teatro Crítico, escrita completamente por ella y con miscelánea de temas; pudo costearla gracias a la herencia paterna recibida. Fundó y comenzó a dirigir la Biblioteca de la Mujer en 1892. Fue la primera mujer socia del Ateneo de Madrid, con el número 7.925, y al año siguiente, en 1906, sería la primera en presidir  la Sección de Literatura. Fue la primera en ocupar  una cátedra de literaturas neolatinas en la Universidad Central de Madrid, a cuya clase se dice que sólo acudió un estudiante (al que me hubiese gustado conocer, porque ir y estar donde están las mujeres, y saberlas profesoras con las que  van a aprender, era, para desgracia de quienes se lo perdían,  demasiado infrecuente, además de valiente, entonces).

Abierta a las nuevas corrientes literarias, impulsó el Naturalismo en España –bebido de la literatura francesa, especialmente de Zola–, escribiendo   artículos publicados entre 1882-83, que reunió en el libro  La cuestión Palpitante, produciendo una reacción social que provocó que su marido le pidiera que cesara sus escritos, cosa que no admite; cesando el matrimonio poco después.



 Quiso  documentarse para escribir La Tribuna –novela en la que por primera vez la protagonista es una mujer de clase obrera y maltratada–, yéndose a una fábrica de tabacos durante una temporada.
Propuso a Concepción Arenal para la Real Academia Española de la Lengua, propuesta que fue rechazada. La propia escritora también lo sería en tres ocasiones, aun contando con una alta productividad literaria.

Dijo hace muchos años: “Para el español todo puede y debe transformase, sólo la mujer debe mantenerse inmutable” y "Si en mi tarjeta pusiera Emilio, en lugar de Emilia, qué distinta habría sido mi vida..." Acaso estas expresiones se vean como caducas, pero denuncian una fuerza nociva que no se ha extinguido todavía.

E. Pardo Bazán tuvo como aliados fuertes a su posición social y a sus padres, que le dieron alas, también importantes apoyos como el de  Francisco Giner de los Ríos, aun así las cosas no le fueron nada fácil. Fue duramente criticada  por compañeros escritores por introducirse en el mundo  de las letras y por querer, siendo mujer,  que se reconociera su trabajo como se hacía con el de los hombres de su época. No obstante , y a pesar de todos los contras con los que fue tropezando, su labor fue valorada, mas siendo tan grande como la de otros coetáneos, su difusión no nos la ofrecieron con la misma magnitud. Ahora se procura una divulgación mayor, hablando cada vez más de su obra y de su defensa por la libertad de la mujer. Es un reconocimiento muy necesario además de  merecido.

Ella, como nadie, no nació para estar callada. Hay que leerla.



© Rosa Campos Gómez

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