martes, 23 de septiembre de 2014

DE CINE

Jesús A. Salmerón Giménez


       El cine  es un microcosmos de todas las artes. (…) incorpora la puesta en escena teatral (…) De la pintura recoge el plano fijo (…) De la novela integra el argumento que puede leerse en forma de guión (…) La banda sonora puede llegar a ser tan importante como la
imagen en movimiento (…)  asume, en fin, el armazón que en la arquitectura confiere soporte y sustancia al andamiaje escénico (…)

Eugenio Trías (1942-2013)

    Descubrí el cine en los albores de mi infancia, en la remota Cieza de los sesenta. Mientras avanzaba en los primeros estudios, asistía cada domingo al Teatro Capitol, un espléndido cine ubicado en el centro del pueblo, a dos manzanas de mi casa. El paraíso a la vuelta de la esquina. El aserto de Chesterton, ya citado aquí, “Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.", se cumplía todas las semanas.

   El Cine Capitol era un edificio de estilo “racionalista” que los hermanos Martínez (o “Martinejos”, como se les conocía popularmente) -más que de Cieza parecían de Bilbao-, se habían empeñado en construir (“una suntuosa sala de espectáculos, un teatro que sea de lo más amplio, bello y mejor acondicionado de España”), deslumbrados como habían quedado por el famoso teatro Capitol de Madrid, en sus frecuentes vistas -no se sabe si a negocios o se marchaban al buen tuntún…- a la capital. Y se plantearon realizar en su pueblo un coliseo “que no tuviera nada que envidiar a su homónimo capitalino” (el teatro se convirtió en uno de los más grandes de España con más de 1.300 butacas). Dinero había (eran los años del boom del esparto que, propiciado por  la autarquía, se había convertido en el material con el que se fabricaban –y ahorcaban- los sueños en Cieza).



    En 1955 -unos cuantos años antes de que yo viniera al mundo-, se hizo realidad su quimera: El 15 de octubre de 1955, con la representación de la opereta “La viuda alegre”, con Aurora Bautista-la primera película proyectada fue “Obsesión”, del gran Douglas Sirk- se inauguró aquella espectacular sala de cine que iluminó los largos domingos grises de mi infancia y primera juventud.

   Todavía hoy, al cabo de tantos años, sueño con aquellos instantes mágicos que precedían al inicio: Las luces se apagan. Unas toses rompen el silencio de un teatro lleno hasta la bandera. La pesada cortina de terciopelo rojo del teatro Capitol se abre lentamente. La luz del proyector inunda la pantalla

Se me pone la carne de gallina al evocarlo.

    En 1969, el cine Capitol pasa a propiedad de otro empresa, y el destino quiere que sea una persona con la que luego compartiría algunos momentos inolvidables en esa gran empresa de amistad y letras que es La Sierpe y el Laúd, el escritor Aurelio Guirao, quien se hiciera cargo de la programación cinematográfica. En los miércoles selectos, se programaron  las mejores películas de aquellos tiempos, (siempre que fuesen aptas para todos los públicos, o estuviesen convenientemente recortadas). Vi allí multitud de westerns, películas de cine negro, bélicas, policíacas, de suspense, melodramas, comedias, musicales.


    Así, desde muy temprano, y utilizando cualquier treta para colarme, me aficioné al cine y fui ampliando los días y las horas de visionado hipnótico de películas. Acudía casi todos días de semana, a los estrenos y a los programas dobles (la sesión consistía en dos películas, con un descanso y el tráiler en medio): Al cine Capitol y al Teatro Galindo; y no me saltaba ni una película de excelente programación de cine clásico que emitía televisión española, presentadas por el entrañable crítico de cine, Alfonso Sánchez), pero todo esto es otra historia…


   Para mí, el descubrimiento del cine y su experimentación inicial como gran forma artística (“Los escritores siempre tuvieron la ambición de hacer cine sobre la página en blanco: de disponer todos los elementos, y dejar que el pensamiento circule del uno al otro”. Jan-LucGodard), se produjeron en el cine Capitol y fue un flechazo que ha perdurado a lo largo de toda mi vida: creo conocer con pasión el cine y la historia del cine, he visionado y "revisionado" las grandes películas que se han hecho y sigo viendo y buscando las mejores que se hacen, hoy en día. El cine, para mí, no está ligado a la nostalgia. Es parte de mi presente. 



 © Jesús A. Salmerón Giménez

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