jueves, 14 de diciembre de 2017

EN LAS LEJAS DEL VIENTO


A Jesús A. Salmerón Giménez

Marcapáginas

Dan para mucho tres años y medio, también si miramos las estanterías de Notas, esta revista digital que tanto queremos, y en la que hemos venido colaborando desde el compañerismo y la entrega, convirtiéndonos –quienes hemos escrito y quienes habéis leído–, en personas unidas por entrañables lazos culturales.

Concluimos -cuestiones pendientes y necesaria renovación de ideas nos reclaman- aquí una primera fase, la que contiene el grueso I Volumen virtual de Cultura de Notas, que ha reunido numerosos artículos publicados en un periodo en el que hemos tenido el gran honor y la fortuna de contar con la palabra escrita y la amistad de nuestro inolvidable compañero Jesús A. Salmerón Giménez (1959-2017), a cuya memoria dedicamos.

Gracias, queridos lectores y lectoras, por estar ahí, sois quienes le dais sentido a estas páginas.
Gracias a cuantos habéis colaborado con trabajos puntuales, enriqueciendo el contenido.
Gracias a Jesús A. Salmerón Giménez por todo lo que nos ha enseñado sobre literatura y sobre tantas cosas; a Pedro Diego Gil López por adentrarnos en tantos paisajes ciezanos desde la hondura de los sentimientos; a Sara Alarcón por esa visión joven de lo que ha ido aconteciendo y por crear el soporte de esta revista,  sin  su trabajo, Cultura de Notas, sencillamente, no habría sido; y a Rosa Campos Gómez .
Es un placer sentir que hemos construido desde la sencillez algo cálidamente hermoso,  que, para ser leído y visto, siempre nos ha de esperar en las lejas del viento. 

Os deseamos  Buenos, Felices Días,

  los que  acaecerán este final de 2017 y los que nos aguardan en 2018.


                                    En Cieza, a 14 de diciembre de 2017


© Rosa Campos Gómez

martes, 12 de diciembre de 2017

LOS PARAGUAS DE BUCAREST


Rosa Campos Gómez



Llegamos al amanecer, nos recibió un fresco grato y pronunciado –estábamos en la segunda semana de julio y veníamos de la tórrida España –. Nos encontramos en el centro –Piata Unirii en dirección  margen derecha del río Dâmboviţa– a la gente que todavía no se había recogido de vivir la noche; no había ruidos molestos, solo sonidos en murmullo de los viandantes, casi todos jóvenes, que caminaban de regreso a casa, en soledad o en grupos, parsimoniosamente en movimiento hacia las camas que los acogerían ese sábado ya totalmente asomado a la ventana del día… Personas diferentes en algo, y comunes en mucho, a las que podríamos encontrar en cualquier amanecer de las grandes ciudades de occidente –aunque a Rumania se le note que está en periodo de cauterización–.
Bucarest es para recorrerlo a pie –requiere una visita larga en jornadas, o volver-. Paso a paso y día a día fuimos viendo las hermosas calles del casco antiguo con arquitectura de diferentes épocas y de esplendorosa estética en su variedad, incluyendo la de algunos edificios con la pátina gris y espesa que propicia el tiempo y el descuido, que cohabitan con los esmeradamente rehabilitados o remodelados al completo, y con otros de los que solo la parte inferior había sido recobrada para utilizarla como establecimientos comerciales.  
Calles con un dinamismo envolvente, con sugerentes librerías, como la Carturesti Carusel, que se encuentra en la vibrante strada Lipscani –medieval y renacentista–; con tramos como el pasaje Macca-Vilacrosse, ese delicioso enclave urbano, con traslúcida cúpula en su centro, que abre dos tramos de no mucha anchura –formando una especie de U–, llenos de cafeterías y restaurantes que, sembrados de mesas y sillones de mimbre –en su mayoría–, están siempre repletos de gente que conversa plácidamente o fuma en shisha o narguile –pipa de agua–, sentada confortablemente bajo un techo gualda y transparente, sujeto a los tejados de una y otra acera…
Calles a las que podemos acceder perpendicularmente o con algún recodo –que siempre nos sorprende de jugosa manera– desde la emblemática Calea Victoriei (Avenida de la Victoria), extendida y elegante –originada en siglo XVII–, llena de sugerentes establecimientos comerciales de todo tipo –como los que podemos hallar en las ciudades más cosmopolitas y punteras–, junto a hermosos edificios, como el Palacio CEC (1900) –Banco Nacional, activo en el ayer–  con su bella cúpula acristalada,  y el Museo de Historia Natural de Rumania –ayer Palacio de Teléfonos (1900)–. Avenida que termina junto al viejo puente que cruza el río Dâmboviţa, uniendo las dos orillas de este afluente indirecto del Danubio que atraviesa la capital rumana.
Cerca de la otra rivera se extiende el bulevar Unirii, que será el que nos encamine al descomunal Palacio del Parlamento, mandado construir por Nicolae Ceauşescu. Entre los proyectos urbanísticos del dictador estaba demoler algunas de las calles históricas principales ya citadas, algo que por fortuna no llegó a cuajar.
 El Muzeul Satului (Museo de la Aldea) depara un magnífico conocimiento de los diferentes pueblos que componen el país. El entorno, las construcciones, los trabajos y las tradiciones nos enseñan tanto en esta gran zona al aire libre,  tan agradable… Este museo étnico pertenece al Parcul (parque) Herăstrău, configurado por hermosos jardines –donde se congregan arces, hayas, robles, glicinas, pinos, abetos… – y un lago de ensueño.
Bisericas (iglesias)  que ofrecen una diversa y admirable arquitectura religiosa desde siglos ha, que dan fe de todas las culturas que han ido transitando y estableciéndose en estas tierras, como, por citar algunas, las ortodoxas Biserica Stavropoleos, en Calea Victoriei,   y la de Sfântul Anton (s. XV) en la mítica zona de la Curtea Veche (Corte Vieja), por citar algunas; y sinagogas. Muchas de ellas podemos verlas semiescondidas tras bloques de pisos que se alzaron con la intención de invisibilizarlas –el nazismo primero y después el stalinismo, dejaron marca–.
Y más… porque todo esto es solo una pequeña porción de lo visto en  una tierra de gente que ama la música –escuchar en sus vías instrumentos tocados desde las excelencia y la sensibilidad es frecuente–; que se expresa en un inglés fluido, desde el que te ofrecen su ayuda si observan que no sabes el rumano –lengua romance–; que entiende de jardines y sabe disfrutar de la noche.
Hacia la región de Transilvania nos dirigimos en un tren antiguo, de  elegantes asientos, con desgastada tapicería, y pulcramente limpio, en el que durante el trayecto pasaban mujeres con grandes cestas ofreciéndonos frescas frutillas, cogidas ese amanecer en ese soberbio bosque que se sucedía tras los  cristales, y que era inmenso, como todo lo que nos iba adviniendo a la mirada.
Llegamos a Bran y subimos a su castillo medieval –maravillosas vistas– que se mantiene en pie a pesar de tantos visitantes. En el pueblo compramos una pequeña cesta con moras negras y frambuesas púrpuras a una mujer mayor que iba con su nieto, ambos nos regalaron unas inolvidables sonrisas. Las frutas estaban exquisitas.
Más tarde visitamos la gran Brasov, donde vimos la gótica, luterana e imponente Iglesia Negra (s. XIV-XV); calles con extraordinarias fachadas de casas señoriales… y fragmentos de laderas de los Cárpatos al final de cada bocacalle, propagando la sensación de que nunca se nos escamotearía el aire.
Otro día partimos hacia el suroeste –siempre teniendo como referencia Bucarest–, a la región de Vâlcea. El tren era de otro modelo, aunque no más antiguo y sí más usado; también el paisaje era diferente, pero con equidad en el valor del empaque: los cristales nos ofrecían campos de girasoles espléndidos, llevándonos a un horizonte de calidez sin límites, inconmensurables llanuras que se alternaban con verdeantes plantas de maíz, con lagos, con arboledas…; cuánta belleza camino de Dragasani, donde vides antiquísimas se disponían a dar uvas para buenos vinos.
Conocimos a personas animosas, generosas, cercanas… y comimos sabrosos platos en acogedores lugares.
Volvimos a Bucarest.
La noche –última de nuestra estancia– empezaba a declararse y, antes de que avanzara más, decidimos buscar un espacio que nos sorprendió el primer día por su decoración, a pesar de haberlo visto algo de lejos y muy de pasada, pensando, sin mucha seguridad, que debía de ser un bar.  En nuestro empeño recorrimos un buen tramo de Calea Victoriei, partiendo de la parte que daba al río, la que tenía menos afluencia.

Al final dimos con él, los paraguas que pendían de su techo lo hacían inconfundible y distinto. Una sala de titánicas dimensiones –quien sabe si hace siglos fue entrada para los carruajes del palacio cuya vivienda se ubicara encima– con filas de mesas y sus asientos a los lados  y un pasillo amplio en el centro; las paredes altas, y en lo más cimero de ellas unos frescos de lado a lado. Todo hacía casi inalcanzable el techo… menos para aquellas manos que quisieron decorarlo con tan alegres, simples y actuales ornamentos.

La barra era austera y, detrás del hombre del mostrador, el mismo que, además, servía las mesas, estaba el horno para las pizzas. En la barra, alta y no extensa, un grifo de forjado hierro negro  extraía la cerveza de barril, y bandejas acopladas y algunas jarras de cristal descansaban sobre su superficie.
Se alegró el hombre, que atendía todo, ante la presencia de nuestro grupo –era fácil de percibir– y, aunque habían bastantes mesas libres, acudió rápido a limpiar una de unos clientes que acababan de levantarse de un buen rincón desde el que se podía ver de cerca la calle… Pero solo entramos a ver la llamativa ubicación de los paraguas, ya que esa noche queríamos despedirnos con una cena más variada que lo que allí podíamos tomar. Mas yo  me siento en deuda ante aquella actitud de jubilosa acogida… 

Por muchas cosas –cuánto queda por ver– viajaría de nuevo a este país que ahora nos ocupa, y especialmente a Bucarest, lo haría  por ver la cúpula de cristal del Palacio CEC cubierta de nieve en un día de invierno; por patinar o ver patinar en el lago del Parque Herăstrău cuando se hiela…,  a cuya entrada le compraría un gorro de lana a aquella mujer que, a buen seguro, continuaría vendiendo sus preciosas manualidades; y, especialmente,  volvería por pedir una pizza en el bar de los paraguas -ayer, quizá, recién abierto y nada  famoso-, cuidado por alguien que sabía acoger con enorme amabilidad, y que tan sencilla y originalmente estaba decorado.
Ingentes fueron las formas rumanas de dar que encontramos…




Con infinito agradecimiento a Sara Alarcón, nuestra compañera, excelente guía y traductora de inglés y de rumano.  Por ella ha sido posible acceder a tanta belleza y cercanía en el caminar por estas tierras.







 ...



Una aclaración necesaria:
No olvido que dije en septiembre que escribiría sobre los viajes de este verano, y sólo lo hice sobre uno de los últimos (Estella-Lizarra (breve mirada viajera). Con "Los Paraguas de Bucarest", dando un salto inesquivable -en el que se quedan apuntes a la espera-, he escrito sobre el primero que realicé, concluyendo con él, por ahora, las notas dedicadas a este objetivo. Aunque me gustaría seguir compartiendo estos esbozos, trazados con palabras, de  algunos lugares más que guarda la memoria, pero requiero de un tiempo  –que espero saber tomarme- para seguir anotando sobre toda esa riqueza que el viajar depara.


© Rosa Campos Gómez





miércoles, 6 de diciembre de 2017

`3.000 KM´, VIVIR EL TEATRO


                                                                                                                  Rosa Campos Gómez


“¿Qué distancia recorrerías para conseguir lo que más deseas en esta vida?”, esta es la pregunta que gravita como telón de fondo en 3.000 Km,






una historia viva, escrita y dirigida por Jose Bote, y que, en algunos aspectos, no deja de reescribirse cada día que sale a  escena por quienes la ponen en pie, ofreciéndonos un asunto que tiene espinas: la lucha por la supervivencia de unas mujeres  a las que las duras circunstancias que les toca vivir no se lo han puesto fácil.
Esta magnífica obra -que ya ha recorrido diversos lugares de la geografía española-  partiendo con 9 nominaciones, ha sido galardonada con cuatro Premios Azahar de las Artes Escénicas: Mejor espectáculo Teatral: 3.000 Km

 Mejor Dirección Escénica: Jose Bote
Fot.: MurciaaEscena.

Mejor Actriz Principal: María Alarcón 
Fot.: MurciaaEscena.

Mejor Actor Principal:  Javier Ruano

Fot.: MurciaaEscena.

 La dedicación y el mimo con que han tratado este espectáculo ha permitido –desde que se estrenó en Centro Párraga, otoño de 2015– ir ajustándolo a las necesidades que requiere una pieza teatral de esta categoría, en la que se da la interacción; hasta que en su reestreno –Teatro Romea, primavera de 2016–  adquiere la forma singular que la caracteriza. 
Si bien, Danzad, Danzad, malditos (Sydney Pollack, 1969), sirvió de inspiración, el relato que habita 3.000 Km nos introduce en un mundo diferente: cuatro mujeres, Caludia Quesada (María Alarcón), Carmen Serrano (Beatriz Maciá), Luisa Gómez (Elia Estrada) y Mónica Delgado (Rocío Herrero) -con inmenso talento interpretativo todas- se inscriben en este concurso, dirigido por un presentador (Javier Ruano) -igualmente inmenso-, para cumplir un sueño personal. Para ello deberán caminar de manera continuada en un circuito cuadrado, hasta alcanzar los 3.000 kilómetros. Durante el show, las concursantes podrán ganar o perder kilómetros en sus marcadores, según una serie de pruebas que tendrán lugar. El público participa activamente, premiando o penalizando a las concursantes a través de sus votaciones, influyendo en los cambios que pueden afectar a lo que les acontece en este espectáculo en vivo. Vemos lo que se nos ofrece: inteligencia, pasión y destreza artística a lo largo de los 90, y no obstante inconmensurables, minutos. 
El teatro, una de las artes escénicas más antiguas de nuestra civilización, incluso desde antes que Tespis (siglo VI a. C.) saliera, como actor y dramaturgo, con su carro a mostrar lo que siente y experimenta el ser humano desde su interior y en sociedad, es una pieza clave en el entramado cultural social. Con él vibramos, tanto en lo que nos produce alegría como tristeza, emociones necesarias que nos invitan a pensar y a conocernos más y mejor.
En Murcia gozamos de una admirable actividad teatral, desde la ESAD (Escuela Superior de Arte Dramático), de donde salen mujeres y hombres con una formación de alta calidad en las diferentes disciplinas, a todos los nombres que desde buena parte del siglo XX han ido generando personajes bien dirigidos y con gran poder de actuación, factores a los que sumamos la importante y necesaria gestión llevada a cabo por la Asociación MurciaaEscena, dirigida por la gran Esperanza Clares; evidenciando con todo ello que,  actualmente, el campo teatral murciano sigue in crescendo con una serie de espléndidas compañías que no dejan de trabajar procurando la excelencia, y Teatro de la Entrega está entre ellas. Por la parte que nos toca como espectadores, gracias por la calidad puesta en escena.


                                1. y 2.  Grupo que da vida  a 3.000 Km  Fot.: MurciaaEscena.

El emblemático Teatro Romea, poco antes de empezar la Ceremonia de Los I Premios Azahar de las Artes Escénicas de Murcia.  Fot.: MurciaaEscena.



Fotografías de Teatro de la Entrega con imágenes de 3.000 Km:

Rocío Herrero como Mónica Delgado, Elia Estrada como Luisa Gómez, Beatriz Maciá como Carmen Serrano y María Alarcón como Claudia Quesada.







 



Ficha artística y técnica de 3.000 Km

Presentador del show: Javier Ruano
Concursantes:
Claudia Quesada: María Alarcón
Luisa Gómez: Elia Estrada
Mónica Delgado: Rocío Herrero
Carmen Serrano: Beatriz Maciá
Dramaturgia y Dirección: Jose Bote
Ayudante de dirección: Pedro J. Poveda
Música en directo: Hermes Alcaraz  
Vestuario: El Hechizo Teatro
Fotografía: José Bretón
Producción: Centro Párraga y Teatro de la Entrega
Diseño de iluminación: Agustín Martínez
Responsable técnico: Rubén Pleguezuelos & David Terol
Audiovisuales & Proyecciones: Pedro J. Poveda
Edición de sonido: Beatriz Maciá
Duración: 90 minutos.



(Actualizado - 7/12/2017)
© Rosa Campos Gómez

martes, 14 de noviembre de 2017

EN LA MEMORIA DEL TIEMPO


Rosa Campos Gómez

                        

                         También allí, donde la eternidad se halle,  
                      gracias, Jesús Alejandro,
                            por la amistad y literatura compartidas.
                                
"Escribir acerca de uno mismo para crear un espejo en el que otras personas reconozcan su propia humanidad".
                                                   Sarah Bakewell, en Cómo vivir o una vida con Montaigne.

Finalizaba junio cuando le pedí a Jesús A. Salmerón Giménez que colaborara en Notas, aunque mi intención era que este espacio cultural llevara algo de más rodaje para que pudiera decidir sobre una mayor base, pero cuando vi en su muro un fragmento de El Principito –una de mis lecturas inolvidablemente significativas sobre la amistad– conmemorando el aniversario del nacimiento de  A. de Saint-Exupéry, lo entendí como una señal de que debía cerrar mi compás de espera, y me atreví con mi propuesta. El día 5 de julio recibimos su primer trabajo; a partir de ahí empezó una magnífica cosecha de textos que no dejan de nutrirnos. Un verdadero lujo al alcance que todos.    
Desde aquel verano del 14, fue creciendo un fuerte vínculo de hermandad que se sumaba al del de respeto y admiración por los trabajos literarios que tan generosamente ha compartido con todos los lectores; circunstancias, sin duda, por las que a mí, que tantas veces y con tanto cuidado y entusiasmo había editado aquí sus artículos, me temblaba el pulso cuando tuve que poner aquellas notas sobre su partida.  
Hay una frase de mi amiga Pascuala S. B. -acerca de las amistades en las RR SS- que tiene mucho jugo de calidez y esperanza para estos y futuros momentos: “es como si los genios pusieran en conexión tantas almas”. Gracias a ellas, desde muchas latitudes ha sido y es posible conocer a Jesús, ciezano afincado en Murcia, habitado por un alma sin fronteras. 
 Como algo que me parece entrañable diré que era frecuente que enviara las imágenes para ilustrar sus escritos, aunque no siempre, como cuando escribió el conmovedor e intenso “Amistad y libros” –le fue difícil encontrar imagen que lo ilustrara-, y pensé en que un dibujo a tinta, especialmente dedicado a ambos amigos, podría ir mejor que cualquier otra ilustración. Esperaba que le gustase, y si no era así lo quitaría. Su agradecimiento representó un estímulo para que siguiera hasta completar esa serie de cuatro que acompañaron a los últimos artículos de esa temporada -el suyo, el de Sara Alarcón y el de Pedro Diego Gil López-. Una breve serie de dibujos espontáneos y emotivos que surgió gracias al valor que desde el principio él le otorgó.
Podía escribir desde un conocimiento prodigioso sobre cualquier tema, ya fuera de poesía, novela, ensayo, biografía, teatro, cine, pintura, música… Nada le era ajeno porque sentía ese impulso vital que emana de la pertenencia a las cosas con vida, en las que la alegría y el dolor se entrecruzan, se superponen, se enfrentan, o callan en su alternancia. Y conviviendo junto a estos dos titanes de los sentimientos –dolor y alegría-, otros gigantes imprescindibles para el buen llevar las horas, entre ellos la crítica precisa y el humor bien destilado que en tantos de sus artículos se perciben. 
Desde su juventud, con sus reseñas, relatos, poesía y novela inédita –en Notas compartió algunas partes genuinamente explícitas de un tiempo, de unas emociones y de una rebeldía con causa–, nos ha ido legando mucho con calidad literaria, mas le quedaba tanto por dar… Pero de nada sirve ya decirle a la muerte que pensamos que se precipitó.
Con "Leed a Montaigne" –primer artículo que compartió en este espacio–, nos fue introduciendo en un contenido en el que la fuerza y la calma no se contradicen sino que se alían, invitándonos a conocer la hondura del humanismo que por sí mismo había experimentado.
Continuó, religiosamente ateo, sugiriéndonos la andadura por los caleidoscópicos mundos que embellecen, agitan, animan... las páginas de esos objetos magos que él amaba, por lo que me permito parafrasearle: leed a Jesús A. Salmerón Giménez, o releed... para tener un mayor conocimiento de autores que nos han dejado libros con un calor tan necesario como una medicina, o huella en otros fértiles terrenos; para saber de esa espléndida gama de términos con que nos ha ido configurando los perfiles de los diferentes autores, y de sus propios pensamientos; para ampliar el valioso tejido de la amistad… También para tener una noción más nítida del lazo indisoluble que existe entre la historia y la intrahistoria, exhortando a la salud anímica que conlleva ejercer la denuncia responsable o dar el reconocimiento merecido...  Porque todo eso, y más, se desvela en los relatos que emergen en sus personalísimos textos, donde lo ordinario y lo extraordinario se retroalimentan forjando una vigorosa estructura descriptiva, poniendo verbo a las emociones y razones que va produciendo el vivir, y que se guardan en la memoria humana del tiempo.

 Gracias, María Jesús, María y José Antonio, queridos amigos, por colaborar para que los artículos llegaran a tiempo cuando el correo no funcionaban bien y por todo el apoyo.
© Rosa Campos Gómez

  



jueves, 9 de noviembre de 2017

EL VALOR DE UN TIEMPO DE AMISTAD Y LIBROS


                                                                                    Sara Alarcón


                                                                                                                                                 


                                              En memoria de Jesús A. Salmerón Giménez
La gente joven necesitamos a personas como tú, Jesús A. S. G., para que nos introduzcan en la buena literatura. Lo has hecho a través de la playa de un mar literario con bandera blanca, en el que es posible bañarnos en todas las emociones que ponen luz en la candela de la vida.
Has dejado escrito que el tiempo tiene memoria, y así debe de ser. Recordaré tus artículos sobre grandes autores (de muchos yo no había oído nada hasta entonces), y la fuerza y claridad que hay en las palabras que habitan en cualquiera de tus textos, de los que he reunido (todos no caben aquí) para el final algunas de las frases y versos de los escritores que citabas, porque son como un refuerzo para el camino.

Jesús A. Salmerón Giménez, siento tu pérdida, y te doy las gracias por todo lo que nos has dejado escrito... leer lo que comunicas significa un tiempo de gran valor desde el que seguimos aprendiendo sobre Amistad y Libros.



“La vida es un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos envuelve desde que tenemos una conciencia hasta el final”. 


“Porque es una lástima muy grande no decir nunca lo que uno siente…” 
                                                                                        Virginia Woolf


            PERFECCIÓN
     Queda curvo el firmamento,
     compacto azul, sobre el día.
     Es el redondeamiento 
     del esplendor: mediodía.
     Todo es cúpula. Reposa,
     central, sin querer, la rosa, 
     a un sol en cénit sujeta. 
     Y tanto se da el presente
     que el pie caminante siente
     la integridad del planeta.
                          Jorge Guillén



“Sepan los que pretenden reconstruir un pueblo que el primero, el más hondo y
fundamental de nuestros deberes es la alegría”.
                                                                                                  Azorín



       LEAR KING EN LOS CLAUSTROS (fragmento)

       Mi reino por un «te amo», sangrándote en la boca.
     Mi eternidad por sólo dos palabras:
     susúrralas o cántalas sobre un fondo real,
     -agua de manantial sobre los guijos,
     saetas que desgarran con su zumbido el aire-
     así la realidad hará que sean reales
     las palabras que nunca pronunciaste
     -¡por qué nunca las pronunciaste!-
     y que ultrasuenan en un punto
     del tiempo y del espacio
     del que tengo que rescatarlas
     antes de que me vaya.
     Ven a decirme «te amo»;
     no me importa que duren tus palabras
     lo que la humedad de una lágrima
     sobre una seda ajada.”
                                   José Hierro



“En algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a
la existencia”.
                                                                                                    Cervantes



“(..) sólo debería leerse aquellos libros que nos muerden o nos pican. Si el libro
que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leer? (…)”.
                                                                                                  Fran Kafka


“No yerran las mujeres en modo alguno cuando rechazan las normas de vida
que rigen el mundo; pues hanlas hecho los hombres sin contar con ellas.”
Montaigne, “Sobre unos versos de Virgilio”.       




"Generalmente, se puede asegurar que no hay nada más terrible en la sociedad
que el trato de unas personas que se sienten con alguna superioridad sobre sus
semejantes.”
                                                                               Mariano José de Larra



“Una de las cosas de las que más me arrepiento es de no haberle dicho a la
gente que quería hasta qué punto la quería.” 
                                                                            Fernando Fernán Gómez


“Los escritores siempre tuvieron la ambición de hacer cine sobre la página en
blanco: de disponer todos los elementos, y dejar que el pensamiento circule del
uno al otro”.
                                                                                       Jan-Luc Godard




“Creo que el escritor es el hombre que sabe recoger los sentimientos, las
ansiedades y deseos de muchos y expresarlos a través de una sola voz, en un
solo proyecto”.
                                                                                      Rafael Chirbes



Mientras le preparaban la cicuta, Sócrates aprendía un aria para flauta. “¿De
qué te va a servir?”, le preguntaron. “Para saberla antes de morir”.
                                                                                                    Cioran



             CREDO PERSONAL
    Creo en la Vida, Madre Omnipotente,
    creadora de los cielos y de la tierra.
    Creo en el Hombre, su hijo,
    concebido en creciente evolución,
    progresando a pesar de los Pilatos
    que inventaron sus dogmas reaccionarios
    para aplastar la Vida y sepultarla.
    Pero la Vida siempre resucita
    y el Hombre sigue en marcha hacia el futuro.
    Creo en los horizontes del Espíritu
    y en la energía cósmica del mundo,
    creo en la Humanidad siempre adelante,
    creo en la Vida perdurable.
                                 Amén
                                                  José Luis Sampedro



 LA PLEGARIA DEL ALBA
 Hace milagros este amanecer. Inscribe su página de luz en el cuaderno oscuro de la noche. Anula nuestra desesperanza, nos absuelve de nuestra locura, comprueba que el mundo no se disolvió en las tinieblas como hemos temido a partir de aquella tarde en que, desde la caverna de la prehistoria, observamos por vez primera el crepúsculo.
Ayer no resucita. Lo que hay atrás no cuenta. Lo que vivimos ya no está. El amanecer nos entrega la primera hora y el primer ahora de otra vida. Lo único de verdad nuestro es el día que comienza.    
                                                                                                               José Emilio Pacheco




“Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a
la vuelta de la esquina.”
                                                                          Gilbert Keith Chesterton





© Sara Alarcón